Las Provincias

BARBARIDAD

Cozumel es tan pequeño que (casi) no se ve en el mapa... Pero corriendo triatlones nos conoce hasta el Papa». Estoy por convertir la famosa bilbainada de mi infancia en himno oficial del Ironman de Cozumel, paradisiaca y tranquila isla del Caribe mexicano que tengo la suerte de conocer. Y es que en materia deportiva los cozumeleños empiezan a parecer de Bilbao. Como dirían en México, no tienen llenadera. Si a mediados de septiembre dio la vuelta al mundo la imagen de los hermanos Brownlee cruzando abrazados (y cojitrancos) la meta del triatlón olímpico de Cozumel, este pasado domingo la isla celebró el medio Ironman, con más de 1.500 participantes, y ya se prepara para acoger a finales de noviembre un Ironman completo... Es decir, un montón de gente dispuesta a nadar cuatro kilómetros en el mar, subirse de inmediato (chorreando sal) a una bici para pedalear 180 kilómetros y, acto seguido, bajarse de dicha bici para correr un maratón de 42 kilómetros. Y todo eso bajo un sol tropical con casi 30 grados y una humedad relativa cercana al 100%... Sinceramente, ¿hay vida inteligente en ese planeta? ¿No nos aconsejan los propios médicos evitar a toda costa la actividad física bajo el calor sofocante del verano?

No tengo nada contra el deporte, pero en su justa medida. Cuando llega a semejantes extremos sospecho que tiene más que ver con las adicciones y el trastorno compulsivo de la vigorexia que con el sano ejercicio. Vamos, que como diría una madre de las de antes: «Eso es matar el cuerpo». Un sobreesfuerzo al alcance de cuatro 'madelman' al que se apunta mucho inconsciente... No tuve ocasión de presenciar la agónica llegada de los Brownlee, pero sí he visto entrar en la meta a otros 'zombies' al borde del infarto. Y los reciben como a héroes.

Tal vez si reformuláramos el concepto de heroísmo llegaríamos a la conclusión de que someter el cuerpo a semejante barbaridad es tan heroico como apuntarse a un concurso de ingesta salvaje de hamburguesas.