Las Provincias

The Big Bang Theory

Bien, vale, ya no hay Pedro Sánchez. El PSOE ha vivido su revolución, su big bang, lo llama Ximo Puig de forma bastante imprecisa, porque un big bang no es precisamente un punto de inflexión, sino el inicio de todo. Tampoco pidamos peras congruentes al ilógico olmo de Puig, al que, confieso, no entiendo en muchas ocasiones.

Estaba claro que Puig era de los más acérrimos contrarios a Sánchez, como Sánchez era de los más contarios a Puig. La pugna, las miradas del uno hacia el otro en plan duelo en Valencia Corral, comenzaron cuando Sánchez deslegitimó la Entesa, creo que se llamaba Entesa, que Puig intentaba formar para presentarse en el Senado conjuntamente con Podemos, con Compromís y puede que con EU y algún otro. Sánchez dijo que no a la maniobra y ahí comenzaron las disputas y los bandos, perdón, las cuchipandas, que está mal visto hablar de bandos y bandas en el PSOE.

Obsérvese la contradicción: es Puig quien quería un mayor corrimiento hacia el rojo (no solo Puig sabe de astronomía) y como Sánchez no se lo permite comienzan un distanciamiento que se va alargando con el tiempo, como esas peleas de pareja que empiezan discutiendo por quién compra el pan y acaban en una ruptura: el valenciano decidió que se uniría a cualquier fuerza centrípeta (y sigue la ciencia) que intentase derrocar a Sánchez para que se cumpla la máxima el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Y ello, pese a que Sánchez también se había desplazado hacia la izquierda, como él, y buscaba o ya tenía otra entesa similar con cualquiera que no tuviese carnet del PP.

Pero ya no había vuelta atrás; la fruta, como la manzana de Newton, (vaya día), tenía que caer por la ley de la gravedad o por su propio peso, como argumentaba el sargento chusquero. La ley de la gravedad es Susana Díaz y el peso, las derrotas sufridas por Sánchez por mucho que las tiñera de victorias.

Así que una vez consumado el golpe de partido, una vez que Sánchez está fuera, una vez que el big bang ha tenido lugar. todo sigue igual. Con una gestora, pero igual: ni el PSOE ni Puig quieren permitir un Gobierno de Rajoy, pero tampoco quieren que haya unas terceras elecciones. Ni soplar ni sorber, ni dejar gobernar ni elecciones. No sigue siendo no, aunque en política, como en la ciencia, también existe la relatividad y la negación pueda pasar a ser un quizás.

También Puig es relativo. Ahora tendrá que ayudar a coser y no a puñaladas al PSOE por arriba, en Madrid, y al PSPV por abajo, en Valencia, que tampoco es precisamente una piña. Y a los socios del Botánico, que ya le amenazan para que no se deje llevar por la abstención. Y todo ello suponiendo que Rajoy, taimado y paciente, prefiera no volver a las urnas para dar la puntilla a los socialistas. El problema de un Big Bang es que sus ecos y consecuencias son prácticamente infinitos.