Las Provincias

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Trátase de nombres comerciales, que se hicieron casi históricos. O quizás, de apellidos. E incluso de anagramas, creados para aplicarse a una empresa o sociedad anónima. Ejemplo que nos pilla bastante cercano, en cuanto a emplazamiento geográfico, aunque ya no en coexistencia temporal, es el de los calzados 'Segarra'. He ahí un apellido bien próximo como para haber compartido frecuencia diaria con quien subscribe, en época de bachillerato y en la academia Ausias March, relevo del Colegio de San José, cuando la Segunda República disolvió a la Compañía de Jesús. Segarra era un compañero de clase, y 'Segarra' era el calzado más popular entonces, por toda España, igual que sus globos de regalo a tan inmensa clientela. En representación de la cual, el patriarca e la empresa, don Silvestre, invitaba a comer, el día de su santo, 31 de diciembre, en la mansión familiar de Vall de Uxó, a los tres directores de los periódicos diarios existentes entonces en Valencia.

Más antigua fue la explosión de popularidad que conoció la leche SAM, iniciales de los Sindicatos Agrícolas Montañeses, vendida en envases (anteriores a la existencia del plástico, pero muy parecidos a él) y que, una vez vacíos, eran echados fácilmente, después de la merienda, y con el consiguiente alborozo, al fuego de la chimenea, que solía presidir muchos viejos comedores. Desde cuyo balcón, no resultaba difícil contemplar, entre los tranvías de la época, aquél único que circulaba con luminoso letrero, pregonando una marca de famosos relojes. Sin que resultara difícil tampoco, encontrar en alguna revista, o incluso en el metro madrileño, otros respetables anuncios pregonando que «Con (aquí, el nombre del medicamento) curó sus dolores el sumo pontífice León XIII)».

Señalemos como epílogo de estos apuntes dos recuerdos básicos del bien anunciar, hoy y ayer: 'Michelín', en la órbita general, y 'Casa Conejos', en la Valencia local, regalando, desde sus almacenes de la calle de San Vicente, centenares y centenares de conejos de cartón, erguidos, orejas en alto, con las manos en los bolsillos del abrigo famoso denominado 'Gabán Mío'.