Las Provincias

VATICINIOS FALLIDOS

Decían los socialistas, decían incluso los nacionalistas (críticos con Morera y Oltra, todo hay que decirlo) que un Consell como el actual, con su PSPV, su Compromís o su Podemos, era flor de un día o, en todo caso, lo pasaría mal, principalmente por culpa de los nacionalistas y su tendencia al lío, al espíritu de autodestrucción de los que se tiran los tratos a la mínima que tienen ocasión. Decían experimentados diputados que los socialistas podrían pactar con los podemistas por tratarse estos de gente procedente del mundo académico que se había metido en política para gestionar, y que gobernar con comunistas y nacionalistas sería como leer el Manuscrito Voynich, un libro de autoría anónima y escrito en un alfabeto sin descifrar. El voynichés, incomprensible, lamentaban los sabios socialistas y los críticos del Bloc. Y, como cantaba La Más Grande, «señora, yo les creí». Y no, resulta que la cosa por ahora no va por esos derroteros.

Queda mucho para 2019, ciertamente, pero no es más cierto que, por ahora, Compromís está bastante disciplinadito. Marzà se ha negado por activa y por pasiva a abrir el pico e ilustrarnos con sus tesis independentistas, aquellas que defendía antes de ser conseller. No quiere decir eso que los nacionalistas sean excelentes gestores, pues en sus filas se integra Climent, conseller capaz de convertir los horarios comerciales en una batucada como esas que a buen seguro escuchará si transita por las calles de la Habana en esa misión empresarial que organiza la Generalitat. Incluso cuando le llegó el turno de ser secretario autonómico a Nomdedeu, se produjo un revuelo y hasta una recogida de firmas en Compromís contra la decisión, algo verdaderamente chocante, pero que no pasó de ahí. La venta de humo, los gestos de cara a la galería, se reparten entre socialistas, nacionalistas y hasta podemistas a partes iguales. Que el Consell tenga sus pegas, sus enchufes (alguno de ellos le ha costado el puesto a una secretaria autonómica, precisamente una propuesta por Compromís), no impide asegurar que los de la coalición están más contenidos de lo que se esperaba. Hasta el difícil trámite de tener que gobernar juntos mientras se enfrentan en las elecciones generales (y no unos comicios, sino en dos, y que no sean tres) se ha ido salvando. Nos pegamos, pero de puertas adentro, y el Consell no se toca.

Hasta la pasada semana. Resulta que aquellos que iban a ser los garantes del equilibrio en el Ejecutivo valenciano, los que aportarían sosiego y templanza, su experiencia de gestión, un poco más y revientan el Botánico. Ese PSPV dinamitero y autodestructivo, «trencament emocional» incluido entre el presidente Puig y su consellera socialista Montón, con eso sí que no contaba nadie, señora.