Las Provincias

EN TRÁNSITO

Dejo un lugar y me voy a otro. Lo más difícil no es preparar el equipaje, coger el coche y recorrer el camino, lo más arduo es moverme por dentro, abandonar seguridades y vencer miedos. Por supuesto, cuesta dejar a las personas, pero me llevo a cuestas su recuerdo, la huella imborrable que cada uno de ellos me ha dejado dentro. Acepto el reto, inicio el recorrido que me llevará lejos, y aunque el corazón es más lento que los aviones --aunque me cueste un poco hacerlo--, prometo aterrizar en el mismo centro de mi destino, y darlo todo, sin reservarme ni un poco.

He transitado por las calles de mi ciudad con la alegría de estar en terreno compartido, aquí nací y aquí quiero volver siempre, y el día que cierre los ojos, aquí quiero descansar junto a los míos. Son muchas vivencias, me emociono recordando esos momentos, pero no puedo dejar de ver lo que pudo haber sido. Es hora de pedir perdón y de reconocer que no siempre fuimos valientes.

Es justo también, ser agradecidos. Doy gracias serenamente por el camino recorrido, y no digo adiós porque pienso volver a recorrer cada una de estas plazas y avenidas visitando a mis amigos.

Quiero mirar sin miedo hacia adelante, con la seguridad que me da lo ya vivido, perder la vista en el horizonte, con la esperanza de encontrar lo que he buscado durante tanto tiempo. Nuevos retos, nuevas tareas, nuevas posibilidades de dar y de darse.

Ahora me voy, pero después vuelvo, para que quede bien anclado en vuestra memoria lo que soy y lo que quise haber sido. Y por supuesto, donde esté yo tenéis vuestra casa, y una buena mesa donde el pan será siempre compartido.