Las Provincias

PALOS AL CENTRO

Dos de dos, que dirían los deportivos. Primero la subida del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) y después la tasa de las terrazas. Las medidas fiscales más llamativas del gobierno municipal de Valencia han ido directamente contra los intereses de los comerciantes y hosteleros que arriesgan su dinero en el centro histórico.

Es normal que el alcalde Joan Ribó diga que un gobierno progresista no debe bajar los impuestos, sino redistribuir los ingresos que consiga. Entra en el ideario del tripartito y no sorprende, aunque sí es llamativo la fijación que tienen todo el que decida poner su dinero en Ciutat Vella y el Ensanche.

La tasa de terrazas de los bares sube hasta un 74% más y el Impuesto de Bienes Inmuebles un 40%, ambos porcentajes abultados y fuera de escala cuando se trata de animar a los empresarios que apuestan por Valencia. La caída de la inversión extranjera en la Comunitat desprende en parte ese aroma, es decir, el miedo a arriesgar dinero propio por una subida inesperada de impuestos.

Pero lo que ocurre en el centro de Valencia tiene su lectura aparte, de calles con negocios considerados por muchos en el tripartito como «elitistas». Hay que ayudar a los barrios, eso está claro, aunque los que tiran del carro son los que se la juegan con alquileres altísimos, competencia con franquicias tan ricas como un pequeño Estado y autónomos que sobreviven en sus tiendas porque es lo que han conocido toda la vida, heredadas de sus padres para bien o para mal. Esas personas son también parte del centro histórico y el Ensanche.

Por eso me niego a meterlos a todos en el mismo saco, pegarles la bofetada y luego aplicarles algo de mercromina en forma de ayudas selectivas con unas subvenciones todavía por desarrollar y el compromiso de que la cosa no será tan mala como pinta.

Los hosteleros han suavizado sus críticas porque en la media de la ciudad la cantidad a recaudar es la misma, aunque yo no estaría tan seguro de lo que ocurrirá los próximos años. El mismo estudio de la Universitat Politècnica que aumenta las zonas de dos a tres incluye una previsión de incremento de la tasa, según indica en el documento como decisión del Ayuntamiento, que dentro de cinco años deja la zona centro en 168 euros el metro cuadrado, cuando en 2017 será de 62 euros. Casi nada si finalmente se produce.

Todavía tiene tiempo el gobierno municipal de modificar algunas de estas subidas. Las ordenanzas fiscales entran ahora en el periodo de alegaciones y se puede hacer un ajuste fino, aunque yo de los comerciantes iría preparando la alegación contra la subida del IBI porque sí o sí se mantendrá el aumento de este año. Y no debería quedar como que lo aceptan todo calladitos porque ven la batalla perdida. Si el futuro se pudiera ver por una bola de cristal, seguro que asistiríamos a largas negociaciones en los despachos sobre las anunciadas ayudas, para que vaya pasando el tiempo y se aprueben todos los impuestos sin tocar nada.

El año acaba también con el traslado de más de medio millón de euros previstos en la reurbanización de la calle San Vicente a obras en los barrios, aunque en este caso fue a petición de los propios comerciantes, temerosos de que la campaña de Navidad y las rebajas se fueran al garete.

Otra inversión municipal potente, los 850.000 euros que costará el anillo ciclista por la ronda interior, se espera que empiecen las obras en noviembre, aunque tratándose de un concurso sin adjudicar, tampoco lo tengo claro. En todo caso, será por fases para no molestar la campaña navideña. Los comerciantes del centro apoyan esta infraestructura porque confían en que atraerá público joven a sus tiendas, pese a que complicará más si cabe el tráfico privado de vehículos.

Inversiones públicas que llegan con retraso o directamente se encuentran paralizadas hay muchas más. La reforma de la plaza de la Reina ha empezado a andar con encuestas y debates, mientras que de la necesaria remodelación de Barón de Cárcer y la plaza San Agustín nada se sabe, salvo que los peatones siguen siendo atropellados. Tampoco hay noticias sobre la intervención pendiente en las calles Cirilo Amorós, Isabel la Católica, por citar dos que se quedaron colgadas tras un arranque prometedor en el Ensanche. Los barrios necesitan recursos, seguro, pero que no se nos olvide el centro.