Las Provincias

Nueva etapa para España

Un frente de los partidos comprometidos por la Constitución en la defensa de la unidad de España, un rechazo a los partidos populistas radicales y, al fin, un gobierno de la Nación después de diez meses de vacío de poder. Hoy empieza una nueva etapa política una vez eliminado el tapón que tenía puesto Pedro Sánchez para evitar que se empezaran a abordar esas tres cuestiones y por primera vez en mucho tiempo existe una base de optimismo de que quizás vayamos a comportarnos como un país que se rige por principios de normalidad democrática.

Lo demás está por ver porque el daño que el PSOE se ha infringido a sí mismo todavía no ha tenido tiempo de ser evaluado. Aún desconocemos la gravedad de sus heridas y por supuesto el diagnostico que recomiende su posible cura. Hay precedentes europeos de partidos socialistas desaparecidos o cambiados de nombre por menos bronca interna y sin haber perdido tantos votos, tres millones y medio en cinco años.

De Pedro Sánchez poco hay ya que contar. Es uno de esos personajes que dentro de pocos años darán para un capítulo de uno de esos programas de televisión que plantean «¿Qué fue de.?». Como es guapo y se expresa bien obtendrá un buen share. Pero ni siquiera vale, como Zapatero, para exportar a Venezuela su teoría del buenismo. Sin bagaje personal, político o profesional el ex secretario general del PSOE se encumbró tanto a sí mismo que de verdad llegó a creer que dormiría en La Moncloa gracias a la ayuda de Podemos y los nacionalistas más extremistas, lo que demuestra que ni siquiera estaba capacitado para entender de qué va su propio partido.

La superviviencia del PSOE tiene por base lo que ha sido su cuna desde que tenemos democracia, Andalucía, y ni Susana Díaz ni ningún socialista andaluz jamás consentiría un trato de su dirección nacional con Esquerra o con Compromís porque en ese momento perdería el protagonismo político de su comunidad, a lo que se suma el hecho de que Díaz es la única dirigente regional de su partido que no necesita el apoyo de Ciudadanos ni de partidos de extrema izquierda para gobernar. Su relación con los de Pablo Iglesias es pésima y su ejemplo de cómo enfrentarse a ellos ejemplar en un partido que, como acabamos de ver en Galicia y el País Vasco, pierde más votos cuanto más trata de parecerse a Podemos.

Dedicados los barones socialistas que han tomado el timón de su partido a evitar su desaparición aún desconocemos cómo van a permitir que el PP comience a gobernar España. Pero lo harán. Luego tendremos que esperar a que organicen la manera de convertirse en el principal partido de la oposición, lo que les va a costar trabajo. Podemos les lleva bastante ventaja. Pero seguro que formarán tanden con los populares para hacer frente al secesionismo catalán y solo por eso la marcha de Pedro Sánchez es una excelente noticia.