Las Provincias

El martirio de Pedro

Lo consiguieron. Los críticos. Los barones. Los poderes etéreos de la conspiranoia o simplemente su inflexibilidad. Todos ellos dieron al traste con el efímero secretario general Pedro Sánchez, a punto de quedar en el olvido en 3, 2, 1. Es lo que tiene la política vertiginosa que vivimos. Aunque lo intente de nuevo; aunque se presente contra Susana; aunque pretenda el retorno, Sánchez siempre será el secretario general de mandato express y suicida. Han sido dos años, solo dos, y parecen una eternidad. En ellos ha fracturado el partido y lo dejado enfrentado, envenenado y en ruinas. Podrá argüir que también los críticos contribuyeron al desastre y tendrá razón, pero los principios a los que apeló por dos veces citando a sus padres en un guiño adolescente impropio del momento, tenían que haberle recordado que la unidad del partido está por encima de otras consideraciones. Hasta teniendo la verdad de su lado, que resulta del todo cuestionable. Su «mérito» ha sido inocular el veneno de la sospecha, la rencilla, la división y la distancia. Una triste herencia que tardará mucho en cicatrizar, aunque Ximo Puig defienda que era necesario un "Big Bang". El "Big Bang" fue creativo, inspirador, iniciático, pero la explosión en el PSOE no tiene nada de liberación sino de demolición. Son dos estallidos muy distintos. El primero libera energía que crea la vida y la expande por el Universo. El segundo revienta las cañerías, taponadas de no limpiarse, y deja inservible las instalaciones. No comparte potencia con el exterior sino que destruye el interior.

El problema de Sánchez ha sido el inmovilismo. Su «no es no» ha terminado en un «adiós es adiós». Sin embargo, hay que reconocer su capacidad para presentarse ante el mundo como San Pedro Bueno, mártir. Es el detalle que casi consigue convencerme de las conspiraciones de la izquierda y el famoso pacto entre Podemos y el PSOE. La reacción ante la caída es de factura podemita. La puesta en escena tan melodramática; la presencia de «pepitos grillo» con pancartas en la puerta de Ferraz apelando a la moral, la conciencia y la unidad de destino en lo universal de la izquierda; la acusación permanente de ceder a los poderes ocultos de la derecha, todo ello suena demasiado a rap de Pablo Iglesias. Del chico del coletero, quiero decir, no del señor de barba. Han logrado presentar a Sánchez como el mártir del Ibex-35. Solo les falta sugerir que el rey emérito llamó a Felipe González y Rubalcaba para poner coto a los desmanes de los radicales, a punto de romper España y llevarla al precipicio. No hubiera estado mal, de todos modos, como solución in extremis. En cualquier caso, la forma tan brusca de frenar al tozudo de Sánchez lo ha convertido en mártir. Lo peor que podría pasar. En adelante, no habrá protesta que no lo saque en procesión como signo de «la lucha» de la izquierda. La única legítima, como se encargan de repetir.