Las Provincias

UN HOMBRE DE CLUB

En la vorágine del fútbol actual los aficionados, especialmente los más jóvenes, tienden a pensar que los activos más valiosos de un club son aquellos que traen como avales exóticos nombres, currículos inflados de epítetos por los medios de comunicación, contratos valorados en cantidades con muchos ceros o cuentas en redes sociales con miles de seguidores. Esta masa enormemente influenciable y, en consecuencia, escasamente crítica, se lanza a venerar sin reservas desde el minuto cero a la última incorporación de campanillas, al morlanco (sic) recién llegado, y lo jalea hasta la extenuación sin que haya demostrado nada, todavía, en el campo. En la mayor parte de los casos estos futbolistas o técnicos pasan sin pena ni gloria por el club y caen rápidamente en el olvido, oscurecidos por la elevación a los altares de un nuevo fichaje. Busquen el ejemplo que quieran en cualquier Valencia de los últimos años: lo hallarán sin apenas dificultad.

Alejados del ruido que alzan estos efímeros ídolos de paja, hay algunos valencianistas de base que sostienen silenciosamente a nuestro maltratado club desde la sensatez, el esfuerzo diario y el amor por la entidad, su historia y valores. El caso más evidente es el de Voro González. Hace dos semanas muchos suspiramos con un alivio indescriptible al saber que tras la destitución de Pako Ayestarán sería Voro quien ocuparía, por enésima vez, el banquillo del equipo hasta el fichaje del nuevo entrenador. Y deseamos instantáneamente, como hacemos siempre que nos vemos en la penosa circunstancia de cambiar de técnico, que fuera él quien agarrara definitivamente los mandos de una nave que conoce perfectamente y para la que ha demostrado de sobra su aptitud. Voro es tan trabajador como exigente, habla claro y su presencia ha aportado siempre serenidad y equilibrio a los grupos desestructurados con los que le ha tocado lidiar. Y, por encima de todo, respeta y valora al club en el que trabaja.

Voro es el equivalente actual a lo que representaron para el Valencia en su momento hombres como Rino, Iturraspe, Pasieguito, Mestre o Roberto Gil, una colección de ilustres nombres que quizá digan muy poco o nada a las nuevas generaciones de valencianistas. Ellos, como el de L'Alcudia, fueron futbolistas de largo recorrido en el club que, agotada su carrera sobre el césped, pasaron a servir al Valencia en diversas parcelas de la institución. Los cinco llegaron a ser entrenadores del primer equipo, en la mayor parte de los casos como parches ante situaciones complejas. Alguno, como Pasieguito, alcanzó el éxito resonante de los títulos. Y todos, sin excepción, obtuvieron el agradecimiento sincero del valencianismo por su entrega y dedicación al club, especialmente en los momentos difíciles.

Supongo que en otras circunstancias o en otra época Voro podría haber optado por quedarse al mando del equipo, aupado por la necesidad del Valencia y los ruegos de la gerencia. No obstante, siempre se ha negado a asumir con carácter definitivo el cargo de entrenador titular. Intuyo que nuestro técnico accidental suma a su saludable falta de humos un conocimiento profundo de la historia del club. Y que por ella sabe perfectamente cuál es el precio de sentarse en el eléctrico banquillo de Mestalla: la entusiasta respuesta inicial suele nublarse cuando los resultados no acompañan, lo que entraña el ensañamiento de la siempre exigente afición con el de casa. Ante esa perspectiva prefiere ser un discreto pero necesario y eficaz hombre de club con mando en otras plazas, etiqueta muy necesaria aunque en peligro de extinción en el Valencia de nuestros días.

A pesar de sus reticencias a asumir el cargo de técnico, Voro no ha de ser visto como un simple madero al que agarrarse para mantenerse a flote cuando el barco se hunde. Es, junto con muchos otros valencianistas de corazón que trabajan denonadamente en el club, el más valioso patrimonio de la entidad. Personas a la que hay que cuidar y querer especialmente porque siempre están ahí. Porque aguantan con firmeza la bandera cuando nadie más puede (o quiere) hacerlo.