Las Provincias

Sánchez pierde el pulso

Después de once horas de destemplada confrontación, que han evidenciado la existencia de una fractura abierta de muy difícil reparación, Pedro Sánchez perdió ayer ante el sector crítico la votación decisiva, a mano alzada, del Comité Federal, en la que se decidía la celebración o no de un congreso extraordinario, precedido de la elección en primarias del secretario general. Con anterioridad, no hubo modo de acordar los procedimientos -el sector crítico pretendía que la ejecutiva había cesado en sus funciones tras perder el quórum y el sector oficialista negaba que hubiera que formar una gestora-, y mucho menos el fondo de la discrepancia. Sánchez y los suyos postulaban, como es conocido, el referido congreso y un intento de formar un gobierno alternativo; los críticos querían descabalgar a la actual dirección y aplazar el congreso hasta después de que se forme un gobierno en España. Lo que no han aclarado es si ello supone que el PSOE se abstendrá en la investidura que Rajoy podría intentar de nuevo si se dan estas condiciones. Lo más grave del caso es, sin embargo, la evidencia de que el PSOE está radicalmente fracturado, y en manos de unos equipos más duchos en la lucha por el poder que en el manejo de las ideas y los ideales. El espectáculo de la confrontación, que ha tenido lugar a puerta cerrada pero que ha sido transmitido verazmente por los medios, ha sido indecoroso, y en la sala ha transitado muy poco el interés general. Los bandos han pugnado como si sus miembros no fueran depositarios de la alta responsabilidad que la mayoría de ellos ostenta. La simple retirada de Sánchez, quien podría presentarse de nuevo a unas primarias, no aclara por sí sola el futuro, ni el del PSOE ni el de la gobernabilidad. Los barones siguen sin pronunciarse claramente al respecto, aunque la lógica de la situación permite aventurar que el fin de la provisionalidad está más cerca. Aunque lo sucedido no es totalmente inocuo: la laminación del PSOE, que podría perder una parte importante de su representatividad, no es una buena noticia para la estabilidad de este país; y la hegemonía de Podemos como referente en auge de la izquierda abre caminos intransitados en las perspectivas de nuestro sistema político, que sigue necesitando reformas por consenso que ahora quedará en manos de nuevos actores.