Las Provincias

LA MULTA DE HACIENDA

El día que este periódico publicó en mayo de 2015 que Hacienda estaba escarbando en las cuentas del Valencia, hubo un conato de comunicado desde los poderes ejecutivos para minimizar el asunto. Hubo un tiempo que el club funcionó a golpe de dictado para tratar de desmentir lo que estaba contrastado. Afortunadamente, sabíamos de buena tinta que la Agencia Tributaria había metido el hocico en los números de la entidad relativos a varias temporadas. De hecho, para cerrar el círculo, verificamos la información con el despacho de abogados de Cronista Carreres que defendía los intereses del club. Las cuentas de la temporada 2015/16, que ya están en las oficinas del club a disposición de los socios y que están en la mesa de la redacción desde el pasado viernes por la mañana, ponen una cifra en forma de multa a la noticia que desveló LAS PROVINCIAS hace casi un año y medio. La investigación tributaria, resuelta por ahora con una sanción de 5,3 millones, se extiende de 2010 a 2014. Ayer, alguno intentó echarle el muerto a la gestión de Manuel Llorente -como así es- pero no hay que olvidar que Amadeo Salvo llegó al Valencia en junio de 2013 y que el análisis del fisco llega hasta junio de 2014, con el empresario valenciano en tareas de presidente y con la alfombra roja desplegada para Lim. Según la documentación de las cuentas, los 5,3 millones afectan a las retenciones entre enero de 2011 y junio de 2014. Una gestión compartida por Llorente y Salvo. Aquí, en Valencia, en lugar de reflexionar sobre el motivo que obliga a pagar la sanción, siempre es mejor buscar culpables. Un deporte autóctono. La realidad es otra. Quizá el problema no sea ni de Llorente ni de Salvo. Todo responde a un cambio de criterio de Hacienda sobre la fiscalidad de las comisiones de los agentes. La herencia ha dinamitado el plan de negocio de Lim, que ya cavó su propio foso al empujar al equipo fuera de la zona europea, donde está el dinero, con sus catastróficas decisiones deportivas. El Valencia ha tenido que provisionar más de 30 millones para hacer frente a las multas de Bruselas y de Hacienda. Una obligación que le ha llevado a cerrar el ejercicio con sangrantes pérdidas. Ya tuvo suerte el Valencia la temporada pasada de jugar la Champions. Sin sus ingresos, la situación sería crítica. La auditoría ya explica que la operación de venta de jugadores llevada a cabo este verano -107 millones- no persigue otro fin que no sea el de encontrar el punto de equilibrio económico. La falta de patrocinador y de Champions ha obligado al Valencia a desprenderse de sus mejores jugadores. El problema vendrá el curso que viene si el club no cumple sus objetivos deportivos y si en la plantilla no quedan figuras que reporten importantes beneficios.