Las Provincias

Merkel en las tormentas

Robert Caro, el gran biógrafo de Lyndon B. Jonhson, propone medir el liderazgo «según lo que uno consigue hacer, teniendo en cuenta la magnitud de los desafíos afrontados». Angela Merkel, al frente del gobierno alemán en la época más difícil de la integración europea que se recuerda, ha emergido como líder continental y además en solitario. Ningún otro dirigente europeo puede competir con ella a la hora de intentar superar las distintas crisis que asedian la UE. La supervivencia y rediseño de la moneda común, aún no finalizado, ha sido su principal tarea. Pero desde el año pasado, la crisis de refugiados, conectada con el auge de los populismos, y ahora con los efectos negativos del 'Brexit', ocupan la atención preferente de la canciller. Merkel ha congelado el desarrollo de la eurozona, un proyecto muy impopular entre muchos votantes alemanes, que lo entienden como una costosa suma de transferencias de países acreedores a los deudores. En septiembre del año pasado la canciller decidió abrir Alemania a los refugiados con el fin de evitar una crisis humanitaria y al interpretar que tenía un doble deber jurídico y moral. Esta polémica decisión le ha debilitado seriamente. Hoy se vota en referéndum en Hungría el rechazo al plan europeo de reparto de refugiados, que en cualquier caso ya ha fracasado. Hace unos días, tras perder su partido por segunda vez en pocas semanas unas elecciones regionales, Merkel entonaba el mea culpa, con frases ambiguas como «debemos comunicar mejor. no estábamos preparados.si pudiera volver en el tiempo, lo haríamos de otra manera.nadie quiere esta situación se repita, yo tampoco». No acertaba a explicar qué corregiría, porque su acercamiento a la política es el propio de una científica, que aspira a solucionar problemas a partir de un análisis minucioso y desapasionado de hechos y datos. Mientras recoge velas, no anuncia un techo máximo de acogida de inmigrantes ni cede en su política de fondo. Ante el avance de Alternativa por Alemania, la formación de ultraderecha pronto presente en el parlamento nacional, busca reforzar sus alianzas con los socialdemócratas, para consolidar un bloque de centro resistente a los extremos. Ya no será una gran coalición sino una alianza de sensibilidades moderadas, pensada para aguantar el embate de los nuevos partidos. Nadie sabe si la canciller llegará con fuerzas a las elecciones generales de 2017. Pero sería un error minusvalorarla: no hay otro político en Europa con una combinación igual de inteligencia, capacidad de trabajo y experiencia y que obtenga tanto rendimiento de un puesto con un inmenso capital político a su disposición. El general De Gaulle decía al final de su paso por la vida pública que «lo más interesante del poder son las tormentas», una afirmación que con igual sentido del humor podría hacer hoy la canciller alemana.