Las Provincias

Malas compañías

El gobierno valenciano comenzó su andadura el año pasado de una forma timorata, prudente, dirían otros, en su gestión en la gobernanza de la Comunidad Valenciana. Había una serie de actores políticos, consellers y otros cargos, que podían vaticinar que esa prudencia se rompería pronto. Y así ha sido, desgraciadamente, para los intereses de todos los valencianos. Las políticas en educación, economía y en comunicación predicen lo contrario. Ante la convivencia bilingüe, en la que se vivía hasta entonces, en una comunidad autónoma como la valenciana, se quiere imponer radicalidad e inmersión lingüística. Se siguen, mimetizando los pasos, que ha colocado a Cataluña en el precipicio actual, después de bastantes años de esta política cultural y lingüística que ha creado una generación independentista y que divide frontalmente a la sociedad catalana. Sin embargo, y a pesar de ello, tenemos una ventaja sobre nuestros vecinos del norte. Sociológica y culturalmente, los valencianos somos distintos. En primer lugar, porque somos más abiertos y en segundo lugar porque siempre nos hemos sentido mucho más españoles que los catalanes. Pero una política como la que encauza el conseller Marzà no deja de ser peligrosa, por ser tan sectaria y perniciosa culturalmente hablando ante un sector de la población tan fácilmente manipulable como los niños y los jóvenes. En economía, ante una infrafinanciación como la valenciana es difícil hacer milagros pero esa sostenibilidad que apellida el organigrama político valenciano invalida, por desdén ideológico, políticas que sí harían mucho más fuerte la economía valenciana, detrayendo y asustando a potenciales inversores extranjeros que creen en la tierra valenciana más que nuestros actuales gestores políticos. A eso se le llama mala gestión, desconocimiento de la realidad social y económica y pésimo voluntarismo. Y finalmente, la comunicación comandada por la vicepresidencia del Gobierno valenciano, donde se sigue poniendo el énfasis en la anterior gestión del gobierno popular valenciano y su criminalización y en la apertura propagandística gubernamental con la próxima y nueva RTVV. Si a eso unimos las malas compañías como la adhesión y homenaje a Puigdemont, tenemos un retrato fiel de cómo nos van a ir las cosas. Para llorar.