Las Provincias

BOCHORNO

El espectáculo que estamos dando ni siquiera nos lo merecemos nosotros, pero estamos abochornados. Más allá del vocablo que nos trajo Eugenio d'Ors, extraído de sus labios y cínicos yacimientos, la palabra no es 'alipori', sino lo que siempre ha sido: la vergüenza de sentir como propio el ridículo ajeno. Ahora estamos todos abochornados. Es la palabra que mejor resume lo que nos está pasando, mientras seguía sin pasar nada. Mientras escribo mis pobres palabras -llevo haciéndolo desde hace más de sesenta años- no sé a qué atenerme más que a las circunstancias. Jamás me he atrevido a aconsejar, ya que sé que la gente sabe equivocarse por su cuenta, pero sí a considerar.

Esta palabra se deriva de 'sidereo', que viene a su vez de morar las estrellas. Es lo que más he hecho, pero curiosamente es lo que menos tolero a nuestros líderes políticos, que deben tener los pies y la mirada en la tierra. No nos sirven los nefalibatas, sino los exploradores que nos salven del barullo. «O se monta una gestora o deciden los militantes». Esa es la opinión de Pedro Sánchez, que ha cumplido su promesa de dimitir si perdía ante los críticos. No siempre las promesas se las lleva también el viento de octubre, disfrazado de verano.

El Comité Federal tenía que decidir y ha decidido después de muchas horas. Como los maridos de algunas películas de enredo, los cuernos se les hacen huéspedes a algunos políticos. Como no tenían suficientes seguidores se pusieron al frente de la manifestación. Si no es por la policía se apedrean entre ellos, porque cada uno llevaba su piedra en la mano. La ausencia de sensatez determinaba el barullo. Acertaron los expertos que veían a Sánchez perdedor, algo que solo ha sido posible cuando se ha mirado al espejo tras la votación. Tiene tan alto concepto de sí mismo que ni siquiera veía a Susana Díaz capaz de alcanzar para arrebatarle el favor de las bases. La solución se esperaba para hoy. Y parece que fue ayer.