Las Provincias

TORTILLA Y PULPO

Un feroz tiburón tigre arremete contra la jaula. Escucho el chirriar de los colmillos contra el acero a pesar de estar debajo del agua. Me miro el brazo aún incrédulo de que el trozo de carne sanguinolenta que se lleva como premio no sea mío.

Hay una imagen de mi infancia que recuerdo cada cierto tiempo con el regusto de la nostalgia. Sentado en el sofá, solo en el comedor de casa, a oscuras. Sobre mis piernas enclenques sostengo un plato y encima de él espera un bocata de tortilla francesa. Está caliente. Puedo oler el queso que se deshace dentro y sentir el crujir del pan entre mis dedos. También oigo trastear a mi madre en la cocina como un rumor lejano. Nada de esto me importa. Todos mis sentidos se concentran en un solo punto de la habitación: la televisión.

Un hombre con nariz prominente, gafas y un gorro de marino, que no se quita ni para dormir, me muestra las maravillas del fondo del mar. Él y su tripulación navegan los siete mares a bordo del Calypso, nombre que adoptaron todos mis barcos de juguete durante los siguientes años. Con aquel antiguo dragaminas de la Royal Navy, Jacques-Yves Cousteau, su equipo y yo viajamos por los confines de mares, océanos y ríos.

Hasta muchos años después no supe que el gorro era de color rojo, pues mi televisión era en blanco y negro. De hecho, el mar tampoco era azul. Ni los peces eran de colores. Aún así, para mí, aquella maravilla no podía tener más brillo y color. 'El Mundo Submarino' nos hizo soñar además de permitirnos distinguir a una sardina de un cachalote.

Millones de buceadores de todo el mundo honran en cada inmersión a Cousteau, pues fue co-inventor de la escafandra autónoma. Pionero de la exploración y del documental submarino cuyo culmen llegó al recibir por 'Le Monde du silence' la Palma de Oro del Festival de Cannes y el Oscar en 1956. Más tarde, ganaría otros dos Oscar por 'Histoire d'un poisson rouge' (1959) y 'Le Monde sans soleil' (1964). Le preguntaron en muchas ocasiones por qué motivo había hecho tantas películas sobre el mundo submarino y él respondía: «La razón reside simplemente en mi creencia de que la gente protege aquello que ama. Pero sólo amamos aquello que conocemos».

Podría enumerar cientos de logros más pero ahora, la perspectiva que dan los años nos permiten ver al gran explorador en su complejidad. Su carisma audiovisual, la habilidad para los negocios, su egolatría, la conquista del mundo marino, su relación con sus hijos, la defensa del medio ambiente que fue cultivando y su enredada vida sentimental conforman un personaje lleno de aristas fascinantes.

Una vida demasiado larga y, de algún modo, controvertida para narrar en un solo artículo, por eso resulta recomendable ver el estupendo biopic con el que han clausurado el pasado fin de semana el Festival de San Sebastián: 'L'Odyssée', de Jérôme Salle, con un correcto Lambert Wilson interpretando al marino, a Pierre Niney como Phillipe y a Audrey Tautou como Simone, su primera mujer. El guión está basado en los libros del hijo menor, Jean-Michel Cousteau: 'Mi padre, el capitán Jacques-Yves Cousteau', y de Albert Falco: 'Capitaine de la Calypso'. La película se centra en la relación entre padre e hijo, en cómo a bordo del barco se reencuentran el uno al otro poco antes de la tragedia.

De algún modo, tenía la sensación de que el recuerdo de Cousteau parecía haberse diluido pero, para mi alegría, esta película se une a la noticia de que el Calypso volvía a navegar tras veinte años varado. La mítica embarcación sufrió un accidente justo un año antes de su muerte, como si presintiera el fin de su creador y quisiera hundirse con él. Parece que el viejo buque podrá continuar con su misión investigadora y así cumplir uno de los deseos del comandante.

Busco en la biblioteca de mis padres con ese recuerdo bajo el brazo y, detrás de unas viejas películas de VHS, encuentro sumergido en polvo su libro autobiográfico y póstumo: 'Los humanos, las orquídeas y los pulpos', obra que escribió junto a Susan Schiefelbein. Se trata de una autobiografía tan extraña como su título. No sigue un esquema cronológico sino que se distribuye por temas en los cuales va desmenuzando sus experiencias personales y las de la gente que le rodeó. Un libro de peripecias como las mejores novelas de aventuras.

También podemos hacernos con un ejemplar de 'Follow the Moon Home: A Tale of One Idea, Twenty Kids and a Hundred Sea Turtles'. Es un cuento encantador y muy recomendable de Deborah Hopkinson y de Jacques Phillipe Cousteau, nieto del marino e hijo del malogrado Phillipe.

Llegué a enviar una carta, con ayuda de mi madre, solicitando enrolarme en el Calypso. A la semana, recibí una amable contestación firmada por Albert Falco, capitán del barco. Tendrían en cuenta mi candidatura, pero era necesario que antes aprendiera a nadar. Fue mi primer rechazo para un puesto laboral. Al día siguiente me apunté a la piscina.