Las Provincias

La UE, al pairo

La conocida definición de la Unión Europea como «un gigante económico y un enano político» se acredita trágicamente con la crisis de los refugiados y la agitación reinante en sus fronteras orientales. Y ahora, en su reciente cumbre de Bratislava, aborda abiertamente la necesidad de dotarse de una dimensión militar suficiente para que el Gobierno británico, con un tono severo, haya mostrado su oposición a toda iniciativa paralela a la OTAN y nueva en el status quo derivado de la guerra fría. Técnicamente, el Reino Unido sigue en la Unión en tanto no active el mecanismo de desenganche, por lo que el ministro británico de Defensa, sir Michael Fallon tiene la capacidad político-jurídica para decir lo que dijo: Londres «no aceptará nada parecido a un ejército europeo, ni a la creación en el seno de la OTAN de un cuartel general europeo».

La conferencia, por lo demás, asumiendo de hecho la necesidad de decir y hacer algo al respecto, recurrió al acerbo documental disponible desde hace muchos años y que en su día pareció inspirado por Alemania: la PESC (Política Exterior y de Seguridad Común), de diciembre de 2002, y la PESD (Política Exterior de Seguridad y Defensa), de marzo de 2003, los llamados Acuerdos Berlín Plus, un explícito proyecto de cooperación OTAN-UE, que autorizaría a la Alianza a actuar «junto a la UE» o «en nombre de la UE» pero sin iniciativa atlántica. La condición genérica y un punto retórica de estos arreglos quedó de manifiesto en cuanto una fuerte crisis sobre el terreno (la oleada imparable de refugiados de Oriente Medio entrando desordenadamente en Europa) fue abordada por un discutido sub-arriendo del asunto a Turquía y su bien organizado ejército contra una suma no desdeñable: 3.000 millones de euros. La situación, más o menos controlada así sobre el terreno, ha tenido sin embargo fuertes repercusiones en los Estados de la UE más cercanos al escenario de la crisis, como Hungría, en rebeldía frente a la política común de la UE a la que pertenece.

En este crítico escenario se reunieron en Bruselas los ministros de Defensa en un intento de disipar las inquietudes de Londres y, se supone, de censurar en privado el fuerte comunicado británico. La crisis está servida y viene a confirmar la extendida convicción de que el Reino Unido se atiene a sus famosas 'special relations' con Washington como eje intocable de su seguridad militar y ve a Europa como siempre, una especie de tierra ajena e imprevisible. A la reunión acudió el jefe de la OTAN, Jens Stoltenberg, exministro de Defensa de Noruega, es decir, de un país que nunca consideró la posibilidad de ingresar en la UE y que basa su seguridad en su relación con el eje Washington-Londres. Dijo cosas amables sobre la necesaria cooperación entre la OTAN y la UE, evitó toda polémica y se remitió a los arreglos disponibles al efecto y antes mencionados. Nada de nada mientras la crisis, abierta por el Londres del 'Brexit', sigue haciendo estragos en el Continente.