Las Provincias

PURA VIDA

Llamar a la poli

Cavilar. Reflexionar. Pensar. No sabemos bien quién manda en las filas socialistas pero algunas voces de ese partido susurran con voz frailuna, mientras soportan el asalto de los micrófonos que erizan la puerta de su sede, raciones de reflexión y pensamientos profundos en vez de tanto disparate. El psicodrama adquiere costuras cómicas porque el desparrame se presta a la chufla.

Cavilar. Reflexionar. Pensar. Sí, muy bien, la teoría destila el perfume de las flores jipiosas pero por si acaso han contactado con la Delegación del Gobierno para que les mande unos cuantos policías no sea que el asunto acabe en una pelea a puñetazo limpio como las de John Wayne y Lee Marvin en 'La taberna del irlandés'. Alguien, impulsado por la sensatez y en vista del odio sarraceno que acumulan, del resentimiento enquistado, en efecto ha cavilado con notable sentido común en esto de dar un toque a la pasma para que se presente en la casa común de Ferraz reconvertida en santuario de 'Los últimos de Filipinas' o de aquel hispano Álamo sitiado por las tropas mejicanas. Esto de avisar a la polí es el símbolo espantoso y formidable que marca la temperatura de la bronca. Antaño los viejos socialistas corrían delante de los grises y ahora invocan a las fuerzas del orden para que acudan al rescate con la porra en ristre por si se calientan los ánimos y se tuercen las charlas. A los maderos sólo se les reclama cuando se cruza el punto de no retorno. Arrojada la toalla, en situación de peligro y emergencia, sólo los uniformados, acaso los antidisturbios con toda su parafernalia de Robocop, pueden imponer cierta paz entre las facciones en guerra. Pero el percal anda tan volcánico que ya no sabemos si los Navy Seal serían capaces de apaciguar el rugido de las fieras. El español cuando piensa demasiado termina a bofetadas.