Las Provincias

Valencia seguirá siendo Valencia

«Eppur si muove» («Y sin embargo se mueve»). Por mucho que se empeñe el tripartito, aunque haga uso de su mayoría política en el Ayuntamiento como si fuera un rodillo para aprobar un cambio de nombre de la ciudad, Valencia continuará siendo Valencia. En castellano. Así la seguirán nombrando muchos de sus habitantes -en realidad, la inmensa mayoría- y por supuesto los millones de turistas y visitantes que se acercan a conocerla y admirarla, o los que desde la distancia saben de ella y se interesan por su destino o han leído sobre su pasado. Pero a ese tripartito integrado por la izquierda, los nacionalistas y los populistas parece molestarles el castellano, la lengua común de los españoles, de los valencianos, idioma con rango de cooficialidad en la Comunitat según establece el Estatuto de autonomía. No está por arriba pero tampoco por debajo. No se trata, como dicen, de promocionar el valenciano -un fin no sólo legítimo sino al que hay que tender para que las dos lenguas alcancen el mismo tratamiento y consideración- sino de arrinconar el castellano, de discriminarlo y reducirlo poco a poco, en la Administración pública, en las universidades y en los colegios. El verdadero objetivo de los gobernantes igual se puede comprobar en la política lingüística de la Consellería de Educación que en el absurdo cambio de denominación aprobado ayer por el pleno del Consistorio a pesar del rechazo del Partido Popular y de Ciudadanos y de que no se encuentra ni mucho menos entre las preocupaciones de los vecinos. A esa inmensa mayoría de valencianos que van a seguir usando el castellano no les hubiera molestado la doble denominación, todo lo contrario, pero al tripartito sí. Porque lo que se persigue es cumplimentar una hoja de ruta perfectamente trazada para llevar a cabo en el menor tiempo posible una inmersión nacionalista en toda regla, en una región que se siente orgullosa de ser valenciana y española, o española y valenciana, tal y como señalan las encuestas del CIS. Los eventuales responsables del Ayuntamiento pueden aprobar ordenanzas y reglamentos pero no van a ser capaces de cambiar una realidad sociológica y mucho menos de alterar una historia de la que el nombre de Valencia forma parte.