Las Provincias

EL MUÑECO VACÍO

Siempre nos debe dar vergüenza hacer leña del árbol caído, aunque fuese un alcornoque. Si fuese verdad eso de que perdiendo se aprende, Pedro Sánchez sería el más sabio del mundo. Es el plusmarquista de las derrotas, pero eso no debe impedirnos que creyera hasta el final en su victoria y no seré el que le tire la última piedra porque le van a llover muchas y porque no me gusta apedrear a nadie. El hombre pasaba por allí y como tenía buena pinta lo pusieron al frente de una manifestación a la que no acudía nadie. España es muy deficitaria en piedad y Pedro ya no puede entrar como Sánchez en su casa. Ha logrado partir al partido y ahora hay que salvar al PSOE, al que estaban llamando el «pesoez» algunos de los que creyeron que podía desandar los malos pasos que lo aproximaban al abismo. La mayoría de su ejecutiva ha estado de acuerdo en ejecutarlo y la dimisión de sus seguidores le deja solo. Si vuelve la cabeza atrás comprueba que no hay casi nadie, porque todos se han puesto por delante de los acontecimientos.

Hay que recoger los pedazos del jarrón roto, mientras los críticos aguardan que una gestora conduzca al partido hasta un congreso. La política es una tarea desalmada, pero a los que somos meros observadores se nos cae el alma a los pies y nos da pereza agacharnos para recogerla. El panorama es más bien sombrío, pero no todos los túneles preceden a otro más largo. Es lamentablemente cierto que Sánchez ha mentido a sus colegas, y que lo único que le importaba era su persona. Ahora tendrá que recapacitar, pero no sabemos si tendrá capacidad. Su hoja de ruta se la ha llevado el viento de otoño, pero la ha recogido el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, sin necesidad de agacharse para no despeinarse. Anuncia un referéndum unilateral para septiembre de 2017. ¡Cuán largo nos lo fía! Eso es mucho tiempo en política y de este señor no se fía nadie. Por eso el mérito mayor de Rajoy no es el de aguantar tanto, sino aguantarse la risa.