Las Provincias

Por la cara

Se dice que la cara es el espejo del alma y solo hay que ver el rostro de Pedro Sánchez para darse cuenta de que es verdad. La cara del líder socialista refleja esa mezcla de rabia contenida, risa forzada y falta de escrúpulos que caracteriza a un hombre desesperado. Y no se puede olvidar que un hombre desesperado es capaz de cualquier cosa.

Un antropólogo afirmaba hace unos días que nuestra cara está cambiando, como ya no necesitamos masticar alimentos tan duros cada vez más seres humanos están naciendo sin muelas del juicio y los rostros se hacen paulatinamente más pequeños. A Pedro Sánchez le ha podido suceder algo así respecto a la pérdida del juicio pero en cuanto al rostro seguro que no, lo tiene muy grande, pues quiere seguir siendo secretario general del PSOE por la cara a pesar de coleccionar sucesivas derrotas electorales. No se puede decir que carezca de alma sino, al contrario, que sus facciones son la imagen de sus tremendas contradicciones y de su lucha encarnizada por la supervivencia política.

El problema del sistema democrático español es que cualquier mediocre con mucha cara y pocos principios se considera capacitado para ser presidente del Gobierno. Es lo que pensaba el expresidente Zapatero, si él podía ser jefe del Ejecutivo es que cualquiera podía serlo. Pero no, para gobernar un país no es suficiente con ser un demagogo profesional o echarle cara al asunto, es necesario tener un mínimo de preparación y responsabilidad, y si es posible preocuparse más por los problemas colectivos que por los intereses particulares. A Pedro Sánchez le importa más su posición en el PSOE que esa milonga del Gobierno del Cambio. Puede destruir al PSOE pero no le importa. Esta vez va a por todas, matar o morir, una batalla cainita a cara de perro.