Las Provincias

Referéndum unilateral

El presidente de la Generalitat catalana, Carles Puigdemont, se sometió ayer a la moción de confianza a la que hubo de recurrir para salvar el escollo de la negativa de la CUP a aprobar los presupuestos para el año en curso. En esta ocasión, el Gobierno catalán, formado por Junts pel Sí, había negociado con los antisistema la propuesta de convocar un referéndum, bien acordado con el Estado, bien unilateral. En este caso, la consulta a las bravas se convocaría en septiembre del año que viene. El pronunciamiento de Puigdemont se ha efectuado por evidentes razones de supervivencia política -la opción alternativa era disolver el Parlament y convocar elecciones, con un previsible pésimo resultado para la antigua Convergencia-, en contra de la opinión de una parte nada desdeñable de su propio partido que se resiste a avanzar por el camino delirante de la unilateralidad, ya que representa una flagrante vulneración de la legalidad vigente y no será reconocido por la comunidad internacional. El Estado tiene medios para parar este disparate, pero lo racional y sensato sería invocar de una vez el camino de la negociación. Nunca es tarde para lograr acuerdos por el método democrático.