Las Provincias

PAREJO

Es mejor caer en gracia que ser gracioso y esta semana pasada, coincidiendo con la primera victoria del Valencia, hemos vivido un claro ejemplo de ello. Dani Parejo elevó su lamento al ámbito de lo público tras una actuación que define muy claramente su trayectoria como valencianista: un partido discreto que queda muy patente porque siempre -para bien y para mal- se compromete con el juego, una salve de silbidos que le envuelven desde la grada y un momento importante en el que pone la otra mejilla para lanzar el penalti que vale un partido. Si el penalti entra obtiene un salvoconducto temporal, si el penalti no entra. a la hoguera. Vaya por delante que quien cobra una soldada como Parejo y salta al césped de Mestalla vive -faltaría más- sometido al juicio permanente de un aficionado al que bastante le cuesta costear su abono y le asiste todo el derecho del mundo de aplaudir o silbar a quien le plazca. Y el de Coslada es un futbolista de esos que generan pasiones encontradas. Hay quien encuentra en él un sinfín de virtudes y a quien le exasperan sus formas sobre el terreno de juego porque exhibe una estética cansina y encarna justo lo contrario del estereotipo de 'guerrero' que tanto gusta en la grada. A veces parece que corre a cámara lenta y su rostro, huérfano de picardía, comunica menos que un tetrabrik de leche desnatada. Pero la estadística dice que es uno de los que más corren (sino el que más) en cada partido y el análisis de su juego en tiempos de zozobra evidencia que el madrileño no se esconde nunca. Algo de lo que no todos los futbolistas que han pasado en los últimos años por el Valencia pueden presumir. El que no hace nada nunca se equivoca y Parejo, equivocaciones incluidas, siempre ha estado y... seguramente estará. Porque desde que llegó al Valencia no ha habido entrenador que prescinda de él y eso invita a la reflexión. Porque si quien va a Mestalla y pita a Parejo lo hace porque le parece feo o porque le cae mal, está en su pleno derecho. Son parámetros totalmente subjetivos. Si quien lo hace se escuda en que no corre o se esconde, también lo puede hacer porque cada uno hace lo que le da la gana aunque los datos no engañan y el argumento se cae por su propio peso. Pero si quien pita al chaval lo hace porque le parece un mal futbolista o entiende que el Valencia debería contar con un centrocampista organizador con mayor calidad seguramente debería dirigir su música a quienes se han sentado en el sofá de director deportivo y en los últimos cinco años no han sido capaces de firmar un futbolista mejor que Parejo. Una vez acaba el partido y toca visitar la zona mixta - en la que tampoco el chico se esconde incluso cuando pintaban bastos y otros escondían la cabeza bajo el ala- de la misma manera que respeto que se pite desde la grada a quien se quiera pitar, lo hago a quien cuenta su pesar cuando le llaman 'perro' por la calle delante de su familia.