Las Provincias

Sueños rotos

Allá por marzo, cuando se creía los embustes de Pablo Iglesias, Pedro Sánchez ya se veía presidente del gobierno. Y Pablo, como él anunció, de vicepresidente. «Su vicepresidente», decía, con ese tono cursi tan propio de la extrema izquierda. Estrafalaria mezcla de un decir antañón y almibarado con la dialéctica de los puños y los sobacos. Pero la verdad es que entonces Pedro y Pablo, aupados con votos secesionistas, tuvieron al alcance de la mano llegar a la gloria. Que Pablo Iglesias aplazó, convencido de que las segundas elecciones generales invertirían los cargos. Y entonces él sería el presidente, y Pedro Sánchez «su vicepresidente».

Pero junio fue cruel para las ilusiones de ambos políticos, y desde entonces Pablo barrunta, con melancólico fundamento, que nunca será jefe de gobierno. Y ese dolor grande, el dolor de no haber sabido calibrar bien sus fuerzas en la primavera y alzarse entonces con una vicepresidencia cargada de centros de poder, entre ellos el CESID, ha desolado al politólogo. Quien ahora, en plan gamberro, en plan triste y decepcionado, se dedica a urdir maldades. A divertirse a la baja.

Un día lanza por la ventana a Sergio Pascual, el número tres del partido (y segundo de su segundo Errejón), otro día desaparece y no se le vuelve a ver en dos semanas (como hacía Franco cuando se iba a cazar a los montes de Toledo y nadie sabía cuando iba a volver), otro día ríe, otro llora, otro día canta y otro se enfada. Y es que tiene que desconcertar mucho darse cuenta de que lo tuvo todo, o casi todo, y lo ha perdido.

Lo mismo le pasa a Sánchez, enrocado y ególatra, que en lugar de marcharse cuanto antes trata ahora, a la desesperada, con muchos menos escaños que en junio, de repetir la jugada de un gobierno socialista-chavista-separatista. Y mientras Pedro persevera en su delirio, el travieso Pablo pone en marcha más diversiones. Empezando por romper los pactos con el PSOE en los gobiernos regionales. Extraña forma de buscar un nuevo acuerdo con los socialistas por mucho que Pedro Sánchez esté más cerca espiritualmente de Juan Carlos Monedero que de su camarada García-Page.

¿Y en nuestra tierra valenciana? ¿Viviremos también aquí la desestabilización de gobiernos territoriales emprendida por Pablo Iglesias? ¿Está en peligro el pacto del PSPV con los nacionalistas puigdemontianos de Compromís si Podemos les retira el apoyo en les Corts? Es para hacer apuestas. En todo caso, lo único que está claro es que cuando un político se queda a las puertas de asaltar el cielo que tanto acarició, buscó, tuvo en sus manos y finalmente rehusó bajo los efectos de un renovado ataque de vanidad y de ambición, es capaz de cualquier cosa. Lo estamos comprobando, minuto a minuto.