Las Provincias

El PSOE dividido

Lo peor que se le puede achacar a un dirigente no es que su gestión sea pésima; que no haga crecer a la organización o, incluso, que monte una trama para saquear sus arcas mientras gobierna. Lo peor es terminar su mandato dividiendo a la entidad a la que se supone sirve. Eso puede aplicarse tanto a la Real Academia de Cultura Valenciana como al PSOE actual. Dejar como legado el enfrentamiento entre sus miembros va a ser el más triste demérito de sus máximos representantes, Martínez Roda en el primer caso y Pedro Sánchez, en el segundo.

Se puede gestionar mejor o peor; tener iniciativas brillantes o mediocres; llevar una línea coherente o errática, en definitiva, se puede hacer bien o mal porque siempre habrá quienes consideren un acierto la elección del sujeto o, en cambio, una oportunidad perdida. Pero cuando la herencia une a todos en un solo sentir común, esto es, que los otros sobran, son malos socios o deberían ser expulsados, algo se ha tenido que hacer rematadamente mal. Dividir en su momento a la RACV forzando decisiones que no estaban en el ánimo de todos ni eran necesarias, urgentes o perentorias es algo más que una torpeza. Es estar dispuesto a sacrificar el bien común de la asociación que le ha elegido con tal de pasar a la historia de una decisión arriesgada. Es lo que vemos continuamente en los partidos políticos. El último caso es el del PSOE.

Durante meses, Sánchez ha despreciado la opinión de los históricos. Es cierto que el gran mal de los socialistas -lo saben de sobra aquí en Valencia- es que, apartado un gran líder que no deja delfín, llueven los cuchillos dirigidos a la yugular. Bien es verdad que lo de 'gran líder' se aplica mejor a Felipe González que a Lerma pero no puede negarse que eran tiempos en los que había uno solo sentado en la cúpside. No puede decirse lo mismo desde entonces. Que se lo pregunten, si no, a Almunia, Borrell, Pla o Alarte.

Con Sánchez ha vuelto a pasar, pero tampoco ha sido suficientemente habilidoso como para negociar con todas las facciones en liza. El líder sabe congraciarse con unos y otros; dar un poco a cada cual; atender a las batallas de los mayores y encargar acciones potentes y de enjundia a los más jóvenes. Que unos se sientan valorados y los otros, con peso. Sánchez, en cambio, ha vivido en una burbuja muy cómoda donde le decían lo que quería escuchar y se ha dado cuenta muy pronto de que el azar le había dejado en bandeja el protagonismo como hiciera con Zapatero. Ahí empezó el problema. Creyó poder llegar a La Moncloa de rebote y se puso a golpear las bolas de billar para lograr la carambola, negando de facto la acción azarosa. No lo ha logrado y, en estos momentos, está a punto de conseguir fraccionar a su partido, si no lo ha hecho ya. Creímos que nadie ni nada podía superar a ZP pero era una conclusión precipitada. Pedro Sánchez lo iguala e incluso lo mejora y lo hace bueno. Insólito mérito.