Las Provincias

Lunes negro para el PSOE

Lunes negro -tres veces negro, para ser exactos- para el PSOE. Siete escaños -y el 40% de sus votos- perdidos en el País Vasco; cuatro escaños -y con ellos, la condición de principal partido de la oposición al gobierno de Núñez Feijóo- perdidos en Galicia. y para rematar -justo cuando algunos líderes socialistas se levantaban de la cama esperando que lo de la madrugada anterior hubiera sido una pesadilla-, otros dos diputados más perdidos en Castilla-La Mancha.

No estoy anunciando -que nadie se llame a engaño- ninguna deserción entre los inquilinos socialistas de Convento de San Gil, sino sencillamente haciéndome eco de la declarada ruptura del pacto entre los socialistas castellano-manchegos y Podemos, merced al cual Emiliano García Page había logrado arrebatarle al PP el gobierno regional. Una ruptura que una vez despojada de la habitual verborrea podemita, se justificaba de manera expresa en el distanciamiento de su Presidente respecto de Ferraz y en su pasividad frente a los problemas de los castellano-manchegos.

Tengo para mi que la sangre (de Page) no llegará al río (Tajo): que si los populares presentaran una moción de censura -que no lo harán- tendrían a Podemos en la misma trinchera que el PSOE, y que si éstos presentaran una cuestión de confianza -que tampoco lo harán- serían salvados 'in extremis' por los morados. Pero también tengo para mi que lo que el lunes sucedió en Castilla La Mancha podría tener muchas más repercusiones para los valencianos que lo sucedido en Galicia y en el País Vasco.

Primero, porque la incomodidad de Podemos con el ejecutivo de Puig es cada vez más evidente, y ahí están como prueba sus continuas discrepancias en sede parlamentaria, su rechazo a la incorporación de Podemos al ejecutivo valenciano, y sus largas a la hora de hablar de cómo mejorar el Pacto del Botánico. Pero por si ello no bastase, ahora se suma la posibilidad nada imaginaria de que Podemos quiera prestarse a hacerle a Pedro Sánchez el trabajo sucio que él no puede hacer con sus propias manos: el de meter en tantos problemas a sus barones regionales que se les quiten las ganas de librar batallas más allá de sus fronteras.

Lo que a su vez no hace sino confirmar una impresión cada vez más extendida: la de que la supervivencia política de Podemos se está jugando aquí y ahora a una sola carta, y ésta no lleva impresa otra imagen que la de Pedro Sánchez. Los números, que de momento "dan" -según ha admitido hasta el propio Mariano Rajoy- para un ejecutivo de izquierdas, dejarán de "dar" no bien los españoles seamos llamados nuevamente a las urnas, como sin duda confirma Galicia y no desmiente del todo el País Vasco. De modo que toca colocarse a rueda del secretario general del PSOE, apretarle las clavijas a sus barones, darle un cheque en blanco a Mas y Junqueras, y ver si la cosa cuaja de aquí a unas semanas. Triste panorama.