Las Provincias

Incompetencia municipal

Cuando se produce un cambio político en las instituciones a consecuencia de los resultados electorales, los primeros meses de los nuevos equipos de gobierno están siempre marcados por la provisionalidad y por el replanteamiento de los proyectos que tenía en marcha la anterior Administración. Entra dentro de la normalidad democrática que se paralicen obras con las que los recién nombrados responsables políticos no están de acuerdo. Hasta aquí nada que objetar. Pero cuando ya han transcurrido casi quince meses desde que Joan Ribó tomó posesión como alcalde de Valencia al frente de un gobierno tripartito (Compromís-PSPV-València en Comú) las improvisaciones y los cambios repentinos de criterio en asuntos urbanos ya no son disculpables. El primer edil dio un aviso de su propensión a las ocurrencias cuando ofreció el edificio de la Marina conocido como Veles e Vents como posible sede de recepción para los refugiados que supuestamente iba a acoger Valencia, una iniciativa que finalmente quedó en nada. El emblemático inmueble ya estaba inmerso en un proceso de adjudicación con un concurso entre empresas privadas, que durante unas semanas asistieron atónitas al inesperado cambio de escenario. Pero es que ahora, meses después de aquel episodio, vuelve a la carga con otro concurso en marcha, en este caso para el Varadero, también en el Puerto, que ha sido incluido en el plan para el futuro Museo del Mar aunque ahora mismo estaba a punto de fallarse la adjudicación para habilitar un restaurante en su interior. La nueva improvisación le puede salir cara a la Administración, ya que el Consorcio Valencia 2007 tendría que indemnizar a la adjudicataria. Cabe exigir a los gestores del Ayuntamiento que hagan gala de un mayor conocimiento de los procedimientos y de los plazos administrativos para evitar causar perjuicio tanto a la iniciativa privada como a las arcas públicas.