Las Provincias

UNA AFICIÓN ADMIRABLE

Hoy quiero hablar de la afición del Valencia. Una raza especial no comparable casi con nada. Probablemente porque este club al que tanto quieren no es comparable con ninguno de los que juegan en su misma categoría. Ni en las otras. El Valencia es un club distinto. Y no viene de ahora. Desde que tengo uso de razón profesional, nada es tranquilo en este club. Roig exploró un camino societario minado -muy a pesar de Arturo Tuzón- por el que la entidad no ha dejado de caminar nunca. Y el pobre valencianista 'de tota la vida' viéndolo todo desde su casa o manipulado convenientemente desde la del vecino. Aquí hemos vivido presidentes con sueldo y comisiones perdidas en el limbo, presidentes comprando acciones en plena calle como si de un mercadillo se tratara (y accionistas corriendo al mercado no fuera que se acabara la fruta fresca) y presidentes que no pagaban a los jugadores. Ah, y políticos aplaudiendo el circo desde lo alto del coliseo. Un coliseo que emerge de las profundidades de la avenida de las Cortes Valencianas cuyo futuro empieza a ser comparable al romano; derruido por las guerras y sin terminar desde hace dos mil años. Aun recuerdo su presentación de alfombra roja. Todo era glamour. Todo era mentira.

Aquí hemos vivido presidentes de club y de fundación mirando a papá Estado como si el globo accionarial que estaba a punto de explotar no fuera con ellos. Y claro que iba con ellos. Aquí hemos visto un águila de Dalport y un ruso de inescrutable procedencia pretendiendo comprar el club. Uno con cromos del coyote. El otro no se con qué. Y en ese mismo proceso por todos conocido de venta del club, hemos vivido presidentes de club y de Fundación al servicio de un solo comprador como si los compradores fueran ellos. Ahora no están y mientras unos les echan de menos otros de más.

Eso ha sido el Valencia. ¿Se dan cuenta? Y, hoy, que el club tiene la situación económica más estable de los últimos tropecientos años vive, en cambio, la situación deportiva más agónica, penosa, inaceptable y grotesca que se recuerda. Cinco entrenadores bajo el mismo proyecto y vamos a por el sexto. De perfiles inasociables unos con los otros. Con un dueño de las acciones que solo se pasa por aquí cuando se gana, que se reúne con sus amigos singapurenses y destituye o firma entrenadores en horario asiático, y cuya presidenta a tiempo parcial hoy está, mañana no. Sinceramente, mi enhorabuena al valencianismo. De cualquier color u opinión. Hay que tener las orejas más grandes que las del caballo de Espartero para aguantar todos estos años y seguir acudiendo a Mestalla con la ilusión de un mañana mejor. O a Leganés. Donde haga falta. Poniendo la otra mejilla a sabiendas que llegará un nuevo golpe. Este club no se merece la afición que tiene. Gracias. Es admirable