Las Provincias

Sánchez, «patà i avant»

Los ocho días que van desde el 23 hasta el 31 de octubre próximo serán las fechas clave, las fechas en las que el nuevo secretario general del PSOE, si es que hay nuevo secretario, decidirá si apoya o no un Gobierno presidido por Rajoy. Ocho días, desde que el 23, domingo, los militantes socialistas elijan al nuevo Pedro Sánchez, que seguirá siendo el mismo Pedro Sánchez, y se alcance el límite de tiempo para configurar un nuevo Gobierno antes de que el Rey disuelva las Cortes y España vaya a unas terceras elecciones generales.

Hubo quien le dio mucha importancia a las elecciones gallegas y vascas y creyó que en caso de derrota estrepitosa, como es el caso, Pedro No-No iba a cambiar de postura y permitir una abstención que hiciese a Rajoy presidente. O que se retiraría, como antes hacían los perdedores. No se esperaba el enroque o, mejor, la huida hacia delante de Sánchez: primarias para elegir candidato el 23 de octubre y Congreso del partido a primeros de diciembre. «Patà i avant», describía su propia estrategia un duro defensa del Valencia CF.

De la coincidencia de la primera fecha ya se ha hablado: a ver qué otro socialista se propugna para esa semana. En cuanto a la segunda fecha ya se sabe que las terceras elecciones serán el 25 de diciembre, fun fun fun, aunque probablemente, gracias a la magnanimidad, la munificencia y el arduo trabajo, que no se olvide, de diputados y senadores los comicios podrían adelantarse al día 18. Volvemos al PSOE: entre Congreso y elecciones, el único movimiento permitido en el PSOE sería el que afianza en el poder al nuevo Sánchez, que será el viejo Pedro Sánchez. «Que haya una única voz», ha pedido Sánchez refiriéndose a su voz.

Sánchez parece capaz de esto y mucho más; todo lo necesario por mantenerse en el poder del partido y en el liderazgo de la oposición, aunque sea por un mes más, por un trimestre. Es su propio reto. Hasta es posible que si Podemos pierde fuelle en las terceras elecciones, las del 18 de diciembre, Sánchez transforme su quinta debacle en otro 'triunfo histórico'.

No va a ser lo peor. Cuando alguien analizó los resultados de las elecciones de junio y ya pensó en las terceras elecciones fue tildado de alarmista, porque era creencia común que los partidos no serían capaces de cuestionarse tanto a sí mismos y a la democracia española. Pero no falló. Salvo que en este mes previo al 23 de octubre haya una reacción por parte de otros socialistas, lo que no es contradictorio con que el president Puig pida decisiones «con cabeza y lejos de frentismos», España está abocada a las terceras elecciones. Y no es lo peor: con los mismos candidatos, programas y electores estaríamos condenados a unas cuartas. Como mínimo. Hasta que el resultado agrade a los líderes o los barones socialistas lo impidan antes de 30 días.