Las Provincias

Estalla la crisis socialista

El PSOE se encuentra en una delicada encrucijada que podría poner en riesgo su propia supervivencia. Desde julio de hace dos años, la responsabilidad objetiva del declive corresponde a su secretario general, Pedro Sánchez, quien, y pese a que no es el único culpable del desaguisado, ha sido incapaz de hacer autocrítica en todo este tiempo. La crisis del modelo democrático que ha provocado la irrupción en escena de Podemos y Ciudadanos ha sido la consecuencia de una pésima gestión a cargo de los grandes partidos, que se ve reflejada plásticamente, y sin ir más lejos, en la vista de las 'tarjetas black' que dio comienzo ayer: los partidos y las organizaciones sociales contribuyeron a una decadencia que ha irritado a la ciudadanía y ha derivado en ingobernabilidad. El pésimo resultado del PSOE en Galicia y el País Vasco con relación al de hace cuatro años estaba cantado porque, además de celebrarse en momentos de gran debilidad del partido, era la primera vez que concurría a ellas Podemos, lo que había de provocar un severo descenso de los socialistas. Así las cosas, cuando la situación se ha vuelto insostenible en el interior del partido y cuando la permanente de la ejecutiva socialista ha decidido proponer al comité federal la celebración de un congreso, lo lógico es que todos los actores racionalicen el disenso y sometan a discusión, en un congreso o en el propio comité federal, las opciones posibles: apoyo a la investidura de Rajoy, intento de gobierno alternativo o apuesta por nuevas elecciones. De momento, la irritación de las bases socialistas y de los observadores de buena fe proviene de que el guirigay no encierra una discusión seria entre opciones sino que se reduce más bien a una guerra de personalismos. Pedro Sánchez, que pronunció en más de una ocasión que la prioridad era solucionar los problemas de España para luego centrarse en los del partido, parece ser que ahora, tras el nuevo batacazo electoral, antepone su futuro a todo lo demás.