Las Provincias

LA DISPUTA POR EL TIEMPO NO ESCOLAR

Los padres de Ceapa anuncian huelga de deberes que no es otra cosa que huelga contra los profesores, quienes los ponen. No quieren tareas para casa y piden a la autoridad política que los limiten o prohíban. Como quien dice, imaginen huelga de pacientes contra los antibióticos y por la homeopatía, disgustados por los efectos secundarios.

Sí, ya sé que no es equivalencia justa. Sobre los deberes existe un gran debate, sobre su utilidad, sobre su excesiva carga, sobre la doble jornada escolar que imponen a los niños. Incluso sobre la desigualdad que generan al haber padres capaces de acompañar a sus hijos en sus tareas y otros no tanto. Hay estadísticas de la OCDE que certifican que en España hay demasiados, y una tendencia internacional a reducirlos. Se dice menos, pero detrás de los deberes también hay unos apriorismos sobre los estudiantes, de tal forma que las expectativas docentes sobre ellos condicionan que se pongan más deberes a los alumnos más favorecidos como equivalencia de mayor exigencia académica.

Pero no quiero hablar de deberes. Su demanda, al igual que la de los libros de texto, no hay ley que la exija u obligue. Forman parte, digamos, de la tradición escolar, lo de toda la vida. Claro, cada vez son más los docentes que lo ponen en duda. Pero también otros que no, y es un debate profesional presente. Profesional, porque el uso de libros y la exigencia de deberes forma parte de la metodología docente. Por eso, que los padres pidan el fin de las tareas es una injerencia.

Claro que para injerencias, replican los padres, los deberes sobre el horario familiar, pues ocupan un tiempo que no es de la escuela, sino suyo, y convierten a los progenitores en profesores de apoyo sin salario. Y aquí está la clave: la disputa no es pedagógica aunque se usen tales argumentos, sino es una pelea por el tiempo.

Por eso intuyo que buena parte de lo que se oculta, inconscientemente, en esta oposición a los deberes son las mismas causas que han impulsado la jornada continua en la Comunitat: el tiempo de los niños. A favor de la partida aquellas familias que no lo tienen, de la continua para los que sí, o tienen mayor flexibilidad laboral como dicen que se da en Alicante.

No hay que confundir, pues, que estas reivindicaciones se defiendan en interés de los más necesitados, ya que en cuestión de deberes lo que habría que proporcionarles es más apoyo y eso es lo contrario a que salgan antes del colegio. Es, si se quiere, una reacción más bien burguesa, de una sociedad con mayor nivel formativo y que quizás, pese a las grandes declaraciones, reduce la primacía del docente y de la escuela cuando piensa en Educación. Desde un punto de vista competitivo, que busca fuera de una escolarización de altavoz igualistarista la ventaja educativa.

Es sintomático el último conflicto en algunos centros que han aprobado la jornada continua al comprobar que las extraescolares de pago, las de toda la vida, pueden quedar fuera del horario escolar, pues la normativa establece que estas actividades serán voluntarias y gratuitas. No he visto todos los proyectos de jornada continua, pero sí algunos, y es lógico, porque la oferta gratuita contemplada se reduce a acciones de ludoteca con pretensiones.

Tiempo, sí, es lo que reclaman las familias. Para que los niños jueguen, sí, pero también para que realicen otras actividades. Un tercio de los alumnos de Infantil y Primaria, según el INE, realizan extraescolares en los colegios, y un 13% más, fuera de ellos. Según el estudio 'Las Cuentas de la Educación 2000-2013' del IVIE, en España las familias invierten 322,3 millones de euros en actividades extraescolares dentro de los colegios y 1.178 millones fuera de él.

Es peligroso este alejamiento de las familias de la escuela, aunque en un primer momento sea cómoda para las reivindicaciones corporativas y para la gestión presupuestaria de las Administraciones que pueden concentrar la inversión sin ampliar el servicio. Al fin y al cabo, la escuela tiene la exclusiva de los títulos oficiales, el público cautivo de la escolarización obligatoria y la necesidad laboral de que alguien guarde a los niños. Pero ya ven, los padres ponen en duda las metodologías docentes y aspiran a liberar las tardes de injerencias escolares. Es otra forma de privatización, en el que el mérito competitivo se obtiene en el mercado al que nos permite acceder el tiempo que libera la escuela.