Las Provincias

El mar y el cielo valencianos

Y aún dice., de las casualidades! Abrió las puertas a las nueve menos cuarto de la mañana; la Biblioteca del Mar, digo. Curiosamente, ubicada en el barrio de Nazaret; pero amplia, nueva, luminosa y bien dotada. Con un fondo de bibliografía marinera desconocido, seguro, por muchos de nuestros paisanos.

Me sorprendió con la exposición, en su sala anexa, de 'Mirades i Testimonis. Valéncia marítima'. Organizada por la Cátedra Demetrio Ribes, de la Universidad Politécnica; con imágenes históricas de una fachada marítima castigada por la okupación, la delincuencia al por menor, el abandono urbanístico y hasta por la amplitud vacía de las campas logísticas navieras.

¡Lástima! Muestra cultural que ha sido poco vista, por 'malas fechas' (verano, sólo matutino, y con cierre en agosto), y escasa/nula publicitación en los medios de comunicación de nuestra ciudad.

Con excelentes reproducciones de fotos blanquinegras, muchas de ellas del archivo de Rafael Solaz (¡qué meritorio personaje!...); con explicación en cartelística bilingüe.

Hileras de barracas del Cabañal, acequias huertanas hoy enterradas, un puerto de Valencia desarbolado de abrigos naturales, obras primigenias del insigne puente de Astilleros, incógnita y marismeña desembocadura del Turia, tranvías arrastrando 'jardinera' o fachada prometedora del límpido y bañista Marazul.

Allí, incluso, estaban los primeros aeroplanos (biplanos, quebradizos); que tomaban, hace un siglo, en la arena de Las Arenas.

Cuando, luego de verla, me senté a leer LAS PROVINCIAS del día no me pasó inadvertido el folleto -sobre una mesita lateral- del 'Rogle Constantí Llombart de Cultura Valenciana'.

Abriéndolo, como abro cualquier impreso que cae cerca de mis manos, junto a la reseña bibliográfica de un libro sobre judíos, moros y cristianos del historiador José Vicente Gómez Bayarri (ilustre colaborador de este diario) la casualidad me ofreció la foto y la semblanza vital de Enrique Sánchez; uno de los más activos miembros de la mencionada asociación valencianista.

"Sánchez" no ha necesitado nunca su segundo apellido (Guzmán), ni siquiera el nombre de pila, para que muchos supiéramos a quién se mencionaba en una conversación. Pues como profesor en la Universidad Laboral de Cheste, enamorado en particular del aeromodelismo (era maestro industrial de mecánica), había enseñado a generaciones de jóvenes de Formación Profesional; además de ser un experto en motos antiguas y en todo tipo de cacharrería mecánica.

Querido profesor., ¿quién le recordará cuando pasen los años y se hayan marchado cuantos fuimos sus alumnos en uno u otro de sus magisterios?.

A mí, en particular, me impresionó su saber en 'horas de vuelo'. Sí, como instructor de tantos aviadores privados; en el Aeroclub de Manises.

Vienen al recuerdo sus intentos de que la dirección del RACE nos dejara hacer el curso con la vieja Bücker militar (de doble plano, con alas telares, patín de cola, medio cuerpo fuera y con gafas y paracaídas), en lugar de con la Cessna-150 al uso. Además de las exhibiciones acrobáticas (eran varios miles de horas en el aire las suyas.) con las que nos regaló: caídas de ala, toneles, vuelo invertido y las barrenas que quitaban todo hipo posible.

D. Enrique, ¡cuántas pasadas en vuelo rasante para 'asustar' a las furgonetas de labradores que al cruzar la pista de tierra del aeródromo de Llíria -donde las prácticas de tomas y despegues- creaban carriladas y la estropeaban. En ese llano paraje que nadie intentó preservar de la devolución y conversión en polígono industrial, por su origen en la expropiación de terrenos durante la República y Guerra Civil; ni compensando, con el precio de su valor, a los dueños herederos. Pena de precioso club aeronáutico, que ya tenía su torre de ladrillo rojo oteando el feliz Camp del Turia; que ha sido relegado a la alejada y antigua pista de fumigación de El Rebollar altiplano.

Yo sé que decirlo es un tópico, profesor. Pero desde la primavera de este 2016 está Usted volando felizmente por encima de todas las nubes.

¿Qué le estarán pareciendo, ahora, nuestros circuitos, nuestros ochos, nuestras bases y nuestros finales.; de quienes seguimos, todavía, pilotando nuestras vidas por su querido antiguo Reino de Valencia? ¿Y qué le seguirán sugiriendo las maniobras de los que nos guían y comandan, ahora, desde la torre de control de las instituciones 'valencianas'?

Si estuviera a nuestro lado seguro que nos repetiría, con martilleo pedagógico, si habríamos de levantar un poco más el morro, si tendríamos que picar, poner palanca al viento y pie contrario, cortar el gas o si.., en el último momento, deberíamos meter ¡'motor y al aire'!?