Las Provincias

CIEGOS

No hay más ciego que quien no quiere ver, aquél que pudiendo ver no mira. Como Morales, por ejemplo. Asegura que la plantilla granota no mira la clasificación pese a ser líderes en solitario. Ni siquiera de reojo. En un acto reflejo de autoprotección, los jugadores prefieren seguir con las anteojeras puestas, fijando la vista exclusivamente en el próximo partido frente al Valladolid. Permanecen ajenos a la euforia del entorno que celebra a lo grande los números de este Levante de récord en Segunda. Solo había que ver y escuchar los festejos del medio millar de granotas en la grada del Martínez Valero. Muñiz, invidente total en estos momentos, procura transmitir calma y serenidad ante una temporada recién iniciada en la que hay que saber aprovechar la racha actual y continuar sumando de tres en tres. Por lo que pueda pasar. «Y así es como los que nos iluminan son los ciegos», podríamos gritar con Julio Cortázar. «Así es como alguien, sin saberlo, llega a mostrarte irrefutablemente un camino», continuaba el escritor argentino. Lo que es indudable es la dificultad de ganar a este Levante. Jugará mejor o peor, según el día o el rival de turno, pero hacerle un gol exige a sus enemigos algo que va más allá del fútbol. Hay que alinear artificieros, matemáticos, poetas, filósofos, magos, arquitectos... Puede que incluso eso no baste para doblegar la complejidad granota. En siete partidos solo ha encajado cuatro tantos, tres de falta directa, y ya ha conseguido para su casillero la mitad de puntos que en todo el ejercicio anterior. Como para andar mirando hacia otro lado.

Lo que no terminamos de entender, ya que hablamos de tener vista, es el ojo del míster azulgrana con Rafael Martins. No sabemos qué virtudes aprovechables ha visto en ese presunto delantero. Es evidente la falta de nivel del brasileño para este equipo pero Muñiz se empeñó en verano en retenerlo. Ahora, por fin, empieza a ver la luz y lo va dejando fuera de las convocatorias. Rafael, al parecer, anda dolido por su papel secundario dentro del equipo. Como si tuviera algún tipo de autoridad o hubiera demostrado algo para poder reclamar mayor protagonismo. ¿Acaso es tan ciego como para no ver que no tiene hueco en el once? Hoy por hoy le sigue faltando calidad, verticalidad y técnica para jugar un papel importante en este equipo, por emplear términos diplomáticamente correctos. Cuenta con todas las papeletas para volar en diciembre de nuevo al fútbol luso donde hay clubes dispuestos a apostar fuerte por él. Puente de plata. Es prioritario evitar elementos desestabilizadores anidando en el vestuario que puedan llevar a repetir errores del pasado reciente. Nada debería enturbiar la feliz visión de la luz al final del túnel que todos los granotas vislumbramos hoy. Martins: gracias y adiós.