Las Provincias

TUMBA O TESORO

Las personas nunca son irrelevantes. Entre una persona y una bandera hay que tenerlo claro, y no flaquear. Entre otras cosas, porque salvando una sola de las primeras aseguras la salvación de una porción, por minúscula que sea, de las segundas y de lo que representan las banderas y las ideas. Pretender que con cualquier sujeto en el palco, en el banquillo o en la grada el destino de nuestra institución sería el mismo, es ser muy poco avispado. En la deriva de los últimos años que atenaza al Valencia hay un componente indudable de falta de respeto hacia lo que consideramos como propio. Ha sido constante el pecado de la indiferencia, cuando cargábamos de responsabilidad al club, considerando que daba todo igual, ya que las espaldas y los riñones de las instituciones eran tan sólidos que podrían con toda nuestra soberbia. Llámese eventos o llámense fichajes fallidos, cada uno de nosotros miraba hacia otro lado puesto que en el fondo nos pensaban irrelevantes, y daba igual quien se sentara y lo que hiciera en la presidencia, mientras se soltaran los duros. La elección del entrenador era también poco solvente. Pensábamos que entrenar al Valencia, por lo que representa, aportaría la sabiduría de la que careciera el titular del banquillo. Y a la postre, nos creímos la mercancía averiada de que éramos una estupenda afición, lo que nos permitía franquear los tornos de Mestalla como el que va al cine, adquiere una localidad, y sale después opinando con ligereza sobre la fotografía o los diálogos. Una mala película es un tierno accidente. Una derrota un domingo por la tarde un nudo en el estómago que empequeñece la semana, A fin de cuentas llegaba un momento en que al final se alineaban los astros y el Valencia acababa luciendo el papel de medianía que nos saciaba. Quien no entienda que dimitimos conscientemente de lo propio y consentimos esta deriva es que no ha entendido en realidad de qué va el negocio de la vida. Lo peor que nos puede pasar es la indiferencia, y ese tipo de análisis tumefacto con el que consideramos que no formamos parte del diagnóstico de los problemas. Aunque machaquemos con rabia que es todo una cuestión de «ellos», en el «ellos» de Llorente, Singapur, Ayestarán o Amadeo Salvo, por acción y omisión, también estamos «nosotros». Y esto vale para la política en abstracto, el gasto farmacéutico, los horarios comerciales y el Valencia Club de Fútbol. Lo dejo ahí. Detecto señales de charco que hay que vadear. Cada vez que paso por delante de la fachada de Mestalla pienso que colocaría los versos de Paul Valéry que adornan uno de los frontispicios del Palais Chaillot en la colina del mismo nombre de París: «Depende del que pase para que yo sea tumba o tesoro».