Las Provincias

SERPIENTE DE CASCABEL

Cuando Iceta desplegó su furia apocalíptica y mitinera en la fiesta de la rosa, con Sánchez de cuerpo presente, por un momento temí que se sacase de la manga una serpiente de cascabel para reforzar el dramatismo de la escena mientras pronunciaba tonitruante aunque aflautado ese «¡Líbranos, Dios, líbranos!» Líbranos de la derechona rajoyana, claro, no de los compañeros suyos que hundieron este país negando la crisis ni de los iluminados que pretenden trasladarnos al infierno venezolano. Todavía hoy, en el sur profundo de los Estados Unidos, es posible encontrar en algunos poblachones a esos reverendos tronados, a esos predicadores relocos y fanáticos que, desde una ignorancia tan rotunda que roza lo sublime, se toman la Biblia al pie de la letra y extraen unas conclusiones que apestan a bourbon barato e histrionismo feroz. Lo de la serpiente de cascabel no es broma. Les gusta agarrar un crótalo en una mano mientras sermonean a los parroquianos porque el reptil representa al diablo. En ocasiones la bicha les muerde y el pastor palma en acto de servicio. Iceta nos sorprendió en su faceta de bailarín que imita a una peonza. Eran tiempos de buen rollo y bailando, cantando, se entendía la gente. Pese a sus esfuerzos bailongos los resultados electorales no brillaron con fulgor celestial, por eso a lo mejor interesa durante estas jornadas broncas elevar el tono general de nuestra corrala y, en esta fase, Iceta se muestra como un pionero vindicando un histerismo cochambroso propio de analfabetos trompeteros sureños de novela de William Faulkner o, mejor aún, de Barry Guifford. Sin embargo, cuando sobreactúas incurres en el efecto contrario; esto es, en vez de provocar pavor generas risa. AI pobre Iceta me temo que no lo tomaríamos en serio ni aunque esgrimiese una dragón de Comodo entre los dientes.