Las Provincias

Ranas con pelusilla

Explicaba la consellera de Viviendas y Obras Públicas, María José Salvador, la nueva ley de salvaguarda de l'Horta, y defendía la responsable de infraestructuras y territorio de la Comunitat que «el nuevo Consell». Eso fue el viernes, lo que me llevó a preguntarme hasta cuándo un Consell es «nuevo». ¿Después de quince meses de funcionamiento sigue siendo nuevo? ¿Después de haber triturado dos o tres secretarías autonómicas y media docena de direcciones generales sigue siendo nuevo? ¿Continuará gozando de la vitola de lo novedoso en Navidad? Consultado el Oráculo de Delfos no logré una respuesta, pues el tiempo es relativo, ya se sabe.

A Salvador se le pueden haber pasado estos quince meses en un suspiro; sin embargo, por ejemplo, a los extrabajadores de Canal 9 se les tiene que estar haciendo ya un poco larga la espera de lo que se iba a solucionar en un plisplás. Cuando la consellera recibió la cartera de manos de una tal Isabel Bonig, lo primero que hizo fue pasarse por la FGV, y lo que fue un minuto en la puerta a ella se le hizo eterno, lo que le costó al entonces gerente el puesto. De hecho, aquel que era gerente de la empresa del metro, Pablo Cotino, hoy está en la calle. Primero lo echaron de FGV y luego, empleado de la Entidad de Infraestructuras de la Generalitat (EIGE) con puesto de asesor jurídico desde 2005, pues también se lo fundieron del EIGE. En 15 meses, pues no le han pasado cosas a Cotino, a quien precisamente por esa confusión temporal en la que se ha instalado el Consell, todos los valencianitos (porque el dinero que maneja este Ejecutivo también es nuestro, no solo el que gestionaba el anterior Consell) le han tenido que pagar 2.307,96 más que el finiquito que le correspondía. Literalmente, a Salvador le condenaron las prisas: despidió a Cotino sin el preaviso de 15 días, según la sentencia. Y a pagar, pocarropa.

Cuando cambió el Consell, el Valencia CF lo entrenaba Nuno, Wert mandaba en el Ministerio de Educación y en España hacía cuatro años que no se celebraban elecciones generales. Ahora no se sabe quién entrena en Mestalla, Wert protagoniza en París la 'vie en rose' y los españoles nos hemos comprado un bonovoto que picamos cada seis meses.

Es lógico que el Ejecutivo valenciano no quiera renunciar al cartel de 'nuevo'. Lo hará cuando las ranas críen pelo. De momento, asoma pelusilla, pero los consellers continuarán abrazando la idea de que pertenecen a algo 'nuevo' aunque alguno reedita ahora lo que ya hizo con Lerma. Mientras sean nuevos pueden disculpar sus metidas de pata con la idea de que son pecados de juventud, lo propio de los jóvenes, tan alocados, tan perdonables, tan bienintencionados, tan peterpanes que sólo les falta invocar a Campanilla a ver si les soluciona la papeleta.