Las Provincias

Gasolina para Rajoy

Mariano Rajoy ganó ayer. Lo más seguro es que, pese a la gran victoria del PP en Galicia, no pueda conseguir la investidura como presidente del Gobierno en las próximas semanas y los españoles, esta vez todos, tengamos que volver a las urnas en diciembre. Pero él se ha pateado su tierra junto a Alberto Nuñez Feijoo mientras los medios de comunicación dedicaban titulares a nuevos casos de corrupción en su partido. Ni por esas. Los populares pueden dormir tranquilos de aquí a las vísperas de Navidad con la certeza de que unas nuevas generales les llevarán, al fin, a gobernar durante los cuatro años siguientes.

Las elecciones vascas y gallegas de ayer eran importantes para el futuro de esas dos comunidades, pero la lectura en clave nacional de sus resultados es inevitable a dia de hoy. Y lo primero que se observa son dos circunstancias importantes: una, la vuelta de los electores al voto seguro y el comienzo del rechazo a los nuevos partidos que pretendían acabar con el bipartidismo. Dos, el descalabro del Partido Socialista de Pedro Sánchez.

Hace solo tres meses, al poco de que Rajoy insistiera a Nuñez Feijoo para que se presentara como candidato, pese a su resistencia inicial, en el PP nacional se tomaban a broma la posibilidad de revalidar su mayoría absoluta en Galicia. Pero lo han conseguido. Y aparte de que su candidato victorioso se perfila ya como el sucesor de Rajoy cuando llegue el momento, los resultados de anoche en esa comunidad certifican que los populares siguen vivos, que el empeño de los partidos de izquierda en tratar de enterrarle por sus casos de corrupción han isdo completamente inútiles.

La única formación política que hoy tiene motivos para sentirse mas satisfecha que el PP es el PNV. Hace solo tres meses Podemos ganó las elecciones generales en el País Vasco y hace solo dos semanas parecía muy probable la formación de un gobierno de Vitoria de ese partido en coalición con Bildu. El voto del miedo ha funcionado, sin duda, como se temía el PP, que no puede presumir de resultados aunque tenga el consuelo de saber que muchos de sus votantes han preferido depositar la papeleta del nacionalismo moderado a esperar sentados a que les gobierne la extrema izquierda con el nacionalismo mas radical.

El descalabro del PSOE ha quedado en evidencia, tanto en Galicia como sobre todo en el País Vasco, pero a menos que ocurra un milagro es imposible predecir que Pedro Sánchez haga de su lectura otra cosa que negar la evidencia, amarrarse a su sillón y tratar de salir con vida en la tormenta que se le avecina, movida por los dirigentes territoriales de su partido que se temen que por el camino que ha emprendido está consiguiendo no ya impedir que España tenga un gobierno, sino que el Partido Socialista empiece a rodar en pendiente por un terraplén que no se sabe cuando va a terminar.