Las Provincias

EL DÍA DEL ATASCO

Metido en mitad del atasco yendo a la plaza del Ayuntamiento, y eso que voy en moto, no acierto a entender la utilidad de los cortes de tráfico en un día laborable por el Día sin Coche. La polución debe multiplicarse respecto a un día normal, al menos es la sensación por el aire que respiro. Bicicletas no veo ninguna, por cierto. Sorteo autobuses de la EMT atrapados en el colapso y repletos de viajeros con aire de resignación, y el centro de Valencia ha sido tomado por prácticamente todos los agentes de la Policía Local aptos para el servicio. ¿Beneficios?

Entiendo y apoyo todo lo que se haga en favor del transporte público, pese a que es un pozo sin fondo para los presupuestos públicos, porque es una necesidad al mismo nivel que barrer las calles o abrir una biblioteca. Pero causar un atasco no es la mejor manera de favorecerlo.

La EMT hace el esfuerzo (con nuestro dinero) para que ese día viajar salga gratis, aunque atascados. Igual hace Metrovalencia pero sus usuarios se libran por fortuna de la contaminación. No entro en la estadística ofrecida por el Ayuntamiento, sobre todo si la media del nulo retraso del que informó el tripartito sale de toda la ciudad, sino que reflejo lo que sufrí y lo que escuché cuando llegué al Ayuntamiento. Demoras, quejas y protestas variadas. Ni una voz del grupo salió en favor de los cortes de tráfico.

Más que favorecer al transporte público, concluyo que el Día sin Coche se ha convertido con este gobierno municipal en una semana de actividades variopintas y en ocasiones escasas de público, culminadas con una jornada de castigo al transporte privado, a los conductores que han decidido meterse en el atasco con sus coches o motos, bien sea por necesidad o porque desconocían los cortes porque la Policía Local iba colocando las vallas y cortando carriles conforme se necesitaba para evitar el colapso.

Y eso es lo más alejado que conozco de la pedagogía necesaria para cambiar los hábitos de los conductores. Seguro que muchos recurrieron al famoso dicho de que si no hay concejal de Tráfico que lo nombren y si lo hay, que lo quiten. Pero todo sea porque los peatones puedan caminar unas horas por la calzada de la plaza del Ayuntamiento, algo que a primera vista entiendo que no pasa de ser una mera anécdota, una cuestión menor en una ciudad de más de 800.000 habitantes.

Si el gobierno municipal quiere resolver problemas, ayer mismo me llegó uno del barrio de Velluters. La asociación de vecinos de El Palleter está más que harta de que la calle Guillem Sorolla se haya convertido en una dársena de autobuses de la EMT. Cuando coinciden cinco en las paradas, con sus humos, ruidos y demás, los residentes se preguntan por el motivo de que su barrio sea un garaje. Y llueve sobre mojado, poco después de haya entrado en servicio el carísimo autobús que paga la Generalitat desde Mislata y donde saldría más barato llevar a los usuarios en taxi al mercado Central.

Pero es mejor destacar que dos grafiteros están decorando autobuses de la EMT en la explanada del Ayuntamiento, que preguntarse por el motivo de los atropellos en la avenida Barón de Cárcer, donde el doble sentido se resolvió con un parche, marca habitual de los últimos tiempos.

Falta una adecuada señalización, reordenación del tráfico y decisión acerca de lo que pasará con la calle San Vicente y la plaza de San Agustín. Demasiados asuntos pendientes y cosas dejadas a medias, aunque con el precedente del entorno de la Lonja, resuelto con una señal y un puñado de maceteros, con unas obras del parking de Brujas que empezarán siendo optimista antes del próximo verano, no me extraña.

Y los que pagan son los vecinos, da igual que vayan en transporte público o privado porque el atasco afecta a todos. Lo que importa es el gesto de poner una valla en la plaza San Agustín antes de resolver auténticos problemas de tráfico en la ciudad.

¿Alguien se cree que uno se mete por capricho con su coche en el atasco? Decididamente, en el Ayuntamiento sí. Como si el primer pensamiento de la mañana de miles de personas fuera el de perder media hora tragando humo y mal humor en la calle Colón porque creen que eso es bueno.

El punto medio, la moderación con medidas en positivo en favor del transporte público y sin castigar al privado, no se ha tenido en cuenta un año más. Y esa es la única manera de convencer a los vecinos, convenciendo más que imponiendo. Pero esa no es la vía elegida por el tripartito. Prefieren que aprendamos a golpe de atasco y tragando humo.