Las Provincias

RELIEVES EN ALTURA

Porque la calle es curva y estrecha y porque no se mira hacia lo alto, los relieves, casi de tamaño natural, quedan desapercibidos. La pareja vestida con atuendo de labradores, aunque nada convencionales, en la calle Avellanas, se miran y adoptan el gesto amigo del saludo, del encuentro, del ofrecimiento; un hombre y una mujer jóvenes, como inusual adorno, quedan separados por un balcón, en el que debe sentirse uno algo incómodo, como si hubiese interrumpido, sin pretenderlo, el momento de la confidencia.

Los relieves decoran el cuarto piso en la fachada, también resulta extraño que toda la parafernalia que generalmente se prodiga en el principal, se desplazara al piso que remata el edificio, el de las goteras, el de las palanganas recogiendo el agua de las lluvias de septiembre u octubre, después de que en el techo se formase una mancha enorme, insultante.

Como mejor se aprecian las figuras es situándose a la entrada del local de un zapatero, que enseguida me contó que son turistas extranjeros quienes las captan con sus cámaras y teleobjetivos. El zapatero trabaja con suelas auténticas, cose; mantenía el oficio como en la época de los gremios: horas y horas sentado delante de una vieja mesa, con compartimento para cada material: cuero, caucho, retales de ante y tafilete, cordoncillos; mesa con cajones y salientes para acoplar el martillo, las agujas estambreras y la tenaza.

Las figuras allá en lo alto, el zapatero en su cuchitril querido, las casas de anticuarios que han proliferado en esa calle, donde igual se puede adquirir un armonium que una columna de barroco altar, que un mueble modernista o un espléndido traje de valenciana en el siglo XVIII, dan a la vía un ambiente de caleidoscopio con imágenes de muchas épocas, de muchas gentes, de muchas vidas.

Calle céntrica, entre Santa Catalina y la Catedral, para caminar despacio y descubrirla admirando escaparates que muestran y, sobre todo, sugieren. También para alzar la vista y descubrir los relieves.