Las Provincias

Un patinazo absoluto

Es urgente. Valencia necesita auténticos líderes en todos los órdenes. Para muestra el botón acaecido esta semana. Recibir a Puigdemont en las actuales circunstancias ha sido un patinazo absoluto. Una colosal metedura de pata como lo fue igualmente convocar al estamento dirigente valenciano -partidos, empresarios, universidades y sindicatos- para darle al encuentro un aire solemne. Que el Corredor Mediterráneo es vital no tiene vuelta de hoja. Sin embargo el obstáculo básico con el que hoy tropieza ese proyecto en las instituciones europeas lo constituye el discurso separatista de Puigdemont y compañía. No hay que ser un lince para entenderlo. Estricta lógica inversora que se aleja siempre del riesgo generado por la incertidumbre política. Además que el Presidente de la Generalitat de Cataluña viniera el mismo día que los independentistas planteaban en Madrid un nuevo desafío al Tribunal Supremo y a las instituciones españolas ahonda en la torpeza espectacular del paso dado por Ximo Puig y todos aquellos que sin estar sujetos a la disciplina orgánica de la izquierda oficial se prestaron a avalar con su presencia ese acto innecesario. Un hecho que denota no solo las veleidades fusterianas de los gobernantes valencianos sino también la liviana consistencia personal que retrata a muchos de los que ejercen tareas de representación pública en esta tierra. Es lamentable que en el salón de Corts del Palau estuvieran casi todos los prebostes locales aplaudiendo al tipo que se ha propuesto romper España y que alucinadamente pretende también que la Comunitat Valenciana llegue alguna vez a integrarse en su fantasmagórica República Catalana. Un objetivo que Puigdemont y sus socios no esconden. Es evidente que desplazarse a esta cita con séquito de cien personas tiene un significado implícito en esa megalómana apetencia anexionista. Aterriza y se exhibe la metrópoli. Un despropósito mayúsculo. Por eso dar cancha a semejante personaje pone de manifiesto el serio problema que entraña para la sociedad valenciana la escasa talla de sus dirigentes y no solo en el ámbito político. Un déficit de liderazgos que impide amasar la actitud de conjunto requerida para moldear el discurso propio destinado a conseguir que Valencia gane influencia determinante en España. Aquí se convoca una foto y los escogidos pierden el trasero por acudir y darse luego tronio con colegas, parientes y amigos. Patético. De pura traca. Saber decir «no» cuando corresponde es siempre una demostración fehaciente de principios, hechura cívica, coraje intelectual, coherencia y libertad de espíritu. Resulta cómico urdir a posteriori tontas excusas a la vista del empastre. Mejor calladitos y a aguantar el chaparrón. Hacer la ola a Puigdemont revela gran cortedad de miras y una frivolidad inmensa. Falta de criterio firme, capacidad de análisis, inteligencia y sentido común. Así nos luce el pelo.