Las Provincias

Los malditos deberes

El chat de las mamás (sí, son mamás, ¿qué pasa?, los papás bastante tienen con el de fútbol) fue el primer paso, el caballo de Troya en un sistema educativo agotado y fracasado tras tener que aguantar la sucesión de leyes de izquierdas y de derechas nacidas sin consenso y condenadas a ser derogadas, la politización sectaria de sindicatos radicales y asociaciones de padres y madres ideologizadas y la demagogia de pedagogos sin experiencia docente. Adiós autoridad del profesor -vía mensajitos maliciosos del tipo '¿habéis visto cómo se pasa la de Inglés? ¿Pues no les manda que se estudien los verbos irregulares?', o '¿un examen de cono para el viernes? ¿Y cuándo se supone que vamos a ir a elegir los regalos para la lista de la primera comunión?'-, y adiós responsabilidad del alumno, del hijo, que si no se entera de lo que tiene que hacer en casa siempre podrá recurrir al móvil de su madre para salir del apuro. En verano, el chat de deberes se transforma en chat de excursiones y acampadas, con un nivel de conversación muy elevado, casi selecto: 'He hablado con los monitores y me han dicho que hoy han comido macarrones y emperador'; '¿Y cómo han hecho los macarrones?'; 'creo que con carne picada y queso rallado'; '¿queso rallado...? pues a Nerea no le gustan con queso rallado'; '¡ay, pues a mi Raúl sí, mi Raúl se pone mucho queso y aún le echa ketchup por encima'; 'Nerea tampoco es muy de ketchup, ella es sobre todo de patatas fritas'. Y cada vez el móvil pi-pi-piii, pi-pi-piii, pi-pi-piii, hasta que una de las mamás saca el teléfono del bolso, abre el chat y se encuentra con 387 guasaps pendientes. Primero fue el chat de deberes y ahora llega la noticia de que la Confederación Española de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (debería ser de Alumnos y Alumnas, un fallo) llama a boicotear los deberes en noviembre. Claro que sí, añado yo por mi cuenta, y a forrar todo el pavimento de los jardines de España con un material blandito para que si se caen al suelo desde el tobogán o el columpio no se hagan sangre en las rodillas. Y ya puestos, a no ir al colegio si no hace falta, o si el profesor no les cae bien, a ellos o a sus papás. Pero no nos paremos aquí, por favor, sigamos, sigamos. Atención, pregunta: ¿cuántos quieren pagar impuestos? Usted no, usted no, usted no, usted no, usted no... no pasa nada, no sulfurarse, no nos pongamos nerviosos, no se paga y ya está. Inmersos en esta vía, ¿es absolutamente necesario que los trabajadores tengan que trabajar para cobrar su salario? ¡Nooooo, claro que no! De hecho, la Generalitat Valenciana ya tiene en marcha un plan para que los funcionarios trabajen desde casa, que... en fin... ya me contarán... Mañana mismo hablo con mi director, que mira, que he decidido que al igual que mis hijos no tienen por qué hacer deberes yo no tengo por qué trabajar para cobrar, seguro que lo entiende. Fenomenal todo, oye, el mundo feliz. Vamos progresando.