Las Provincias

Lluvias desiguales

Nos estamos haciendo buenos y comprensivos. Cada día somos más blandos, o demasiado tolerantes. O, en caso contrario, es que tenemos dos varas de medir: una, muy corta, para el arquitecto Santiago Calatrava, que es nuestro chivo expiatorio; y otra, generosamente larga, para los arquitectos que diseñaron la Universidad Politécnica.

Me explico: el episodio de gota fría del 11 y 12 de octubre de 2007 fue de tal intensidad que determinó un estudio del CEAM. De sus datos se desprende que hubo parajes valencianos donde llegaron a recogerse casi 500 litros por metro cuadrado en dos días, y que en Valencia ciudad las lluvias llegaron a acumular 200 litros en el mismo espacio de tiempo.

Esas cifras, brutales y de cataclismo, no fueron atenuante para que Calatrava fuera castigado a causa de las inundaciones que sufrió el Palau de les Arts. El agua que entró en las salas subterráneas delató deficiencias en el drenaje que pagó con sangre, sudor y lágrimas. El martirologio de Calatrava, que subió hasta Helga Smidt y acosó al presidente Camps durante meses, no fue aliviado por la posibilidad, luego demostrada, de que los problemas de mal desagüe provinieran, también, de los jardines del Turia. Y desde luego nadie aceptó de buen grado que a veces hay lluvias tan imponentes que ni siquiera una red de alcantarillado en buen estado puede tragarlas.

La «tromba de agua» que cayó sobre Valencia el 13 de septiembre pasado fue de muchísima menor importancia que la de octubre de 2007. Con todo, cayeron 53 litros en apenas media hora. Pero con «tan pocas aguas», buena parte de la Universidad Politécnica quedó inundada e impracticable... El habitual mutismo universitario no ha proporcionado detalles de los daños sufridos. La sociedad, que parece pensar que las universidades no son materia de interés o de política, las exonera del deber de trasparencia. Es por eso que no se está hablando de la supuesta torpeza de los arquitectos que construyeron las escuelas de Telecomunicaciones y Bellas Artes, inundadas durante el episodio. Es por eso, quizá, que no se reclaman imbornales limpios. Tampoco se hace sonrojar al ingeniero responsable de un drenaje fallido ni se cuestiona a la acequia de Vera, que se desbordó durante el episodio.

¿Nos hemos hecho comprensivos o solo Calatrava tiene el morbo político que conviene agitar como un espantajo contra el PP? Quizá hemos aprendido a perdonar que en la Universidad que se enseña a construir y desaguar, bien haya inundaciones tras un episodio de lluvias otoñales...

Quizá los valencianos vamos por el camino de la reconciliación. Quizá la magia ha hecho que la opinión pública ya no quiera más sangre y se dé por bueno que las de hace unos días fueron lluvias irremediables que ya no generan responsabilidad política. Yo, siempre rebelde, me atreveré con el hueso: ¿La Politécnica tiene el alcantarillado en orden o todo se sigue confiando a la acequia de Vera?