Las Provincias

ALTERNATIVA A LIM

La mañana del partido ante el Alavés, la casualidad nos unió en un semáforo en rojo. Mi interlocutor al volante de su vehículo. Yo, agarrado al manillar de la Vespa. Tras el prólogo de la conversación sobre fútbol -obviamente- me soltó: «Sabes, estoy preparando una alternativa», me dijo. «¿Alternativa a qué?», le pregunté. «Al Valencia de Lim», contestó. Me quedé patidifuso. No me esperaba tanto ímpetu. Raudo, le hice la pregunta del millón: «¿Pero tienes comprador?». «Ya veremos», dijo con picardía. El semáforo se puso en verde. Los claxones del resto de vehículos ajenos a Lim y a la operación de compra comenzaron a arreciar. «Ya te llamo», me dijo. Y nos perdimos por la avenida de cuatro carriles. Mi interlocutor era una persona valencianista de pura cepa. De esas que aman en las victorias y padecen con las derrotas. No era una persona de posibles como para comprar un club de fútbol pero supongo que conoce a personas con cierto poder. A esa conversación todavía le faltan muchas respuestas. Veremos.

La compra del Valencia a Peter Lim o la venta del club por parte del magnate de Singapur -el orden de los factores no altera el producto- lleva camino de convertirse en una leyenda urbana. Desde el día después de que el asiático se hiciera con el 70% de las acciones del club, se oyen tambores de compra. Los hipotéticos interesados van desde los recordados empresarios valencianos, esos que dicen que no estaban cuando deberían de haber estado, a jeques que siempre vienen pero que nunca llegan. Yo, ante tanto interés por comprar el club, siempre me hago la misma pregunta: ¿por qué alguien va a querer pagar 194 millones de euros cuando se podría haber comprado el club por 94? Me parece absurdo. Además, no hay que olvidar que Bankia ejerce de guardián de la puerta de Mestalla y Goirigolzarri tiene la última decisión si Peter Lim está decidido a quedarse con menos del 51% de las participaciones del Valencia. La tercera pata de este galimatías se llama Amadeo Salvo, el máximo valedor del magnate de Singapur y cuya fidelidad inicial fue recompensada con el cargo de presidente ejecutivo. Dicen que el empresario no está pero está. Es decir, que quiere volver, que nunca se fue o que espera su oportunidad para salir de detrás del telón después de que su primer intento se resumiera en una rueda de prensa de escasa consistencia. Aquella imagen con las piernas cruzadas debajo de una mesa sin delantera y el reloj colgado en la pared dibujó penumbra. Cada vez que se lanza una pregunta al aire sobre la vuelta de Amadeo, la familia responde. «No es cierto», viene a resumir Lalo Salvo en las redes sociales. El tiempo dirá. Mientras tanto, reconozco que me quedó el gusanillo de conocer algo más de esa alternativa a Lim confesada en aquella conversación de semáforo. Preguntaré esta semana.