Las Provincias

¿Valenciano o Español?

Y a mí que me importa cómo quede el Gobierno. Yo soy valenciano y a mí lo que me importa son las elecciones de 2019». Toma ya. Si no fuera porque las palabras pertenecen a uno de los más destacados cargos del socialismo valenciano -y ya saben que en Blanquerías apenas mandan dos o tres personas- sería para ponerse a temblar. Leo el jueves unas declaraciones de Abel Caballero, que llegó incluso a ser ministro del Gobierno con Felipe González: «Sólo tengo un objetivo, por encima incluso de mi partido: Vigo». Muy bien. A eso se le llama solidaridad bien entendida. Ni elecciones autonómicas ni gobernabilidad en España ni puñetas. Se aprecia una creciente tendencia en el socialismo español, y también en el valenciano, al regionalismo. El PSOE, partido al que uno podría considerar como una de esas fuerzas políticas con un proyecto, mejor o peor, para toda España, se ve presionado por unos cuadros -barones ellos- que anteponen intereses personales y estrategias electorales propias a las decisiones de la dirección federal. ¿Dirección federal? ¿Qué es eso? Los barones quieren una gerencia en la calle Ferraz, que haga lo que a ellos les venga en gana. Y si gobierna el PP, pues mejor. En un arranque de sinceridad, algún dirigente socialista ha venido a reconocer que se vive mucho más cómodo contra el PP que a favor del PSOE. Porque claro, si el Gobierno del PP no me da dinero para una carretera o no me mejora las inversiones o me cambia la financiación pero sigo discriminado, son ellos los que me atacan y son ellos los que me marginan. Pero, y si lo hace un gobierno de tu partido. O un gobierno en el que participa tu partido. ¿A quién le echas la culpa? ¿A tu propio partido? Y si no te hacen caso, ¿de quién es responsabilidad? ¿A quién culpas de tu falta de influencia? No es fácil gobernar una autonomía si el Gobierno central es de tu mismo partido. Así que lo mejor es poner líneas rojas. Conozco barones socialistas que no se les ocurre otra manera de sostener su liderazgo que basarlo en el victimismo. Y no quiero señalar. Victimismo y señores feudales son una mezcla explosiva. Mando en mi territorio, a mí que nadie me diga qué es lo que tengo que hacer. Y al de Madrid si le condiciono, le aprieto, le presiono y consigo que caiga, pues mejor aún. Como si el de Madrid no fuera de tu propio partido, y como si su elección por el conjunto de la militancia pudiera presionarse y torpedearse desde el propio partido sin que eso pudiera traer consecuencias. Pedro Sánchez tiene ante sí algunos retos mayúsculos y más de uno inaplazable. Pero para encararlos, el que debe atender con la máxima prioridad es la jaula de grillos de su partido. O acaba con esa sensación de interinidad en la que le quieren instalar sus críticos, o pasará a ser historia más pronto que tarde.