Las Provincias

Consejos bárbaros

La edad te va trasladando hacia diferentes fases y uno procura sacar partido. Qué remedio. Los hijos de mis amistades cercanas comienzan a salir del huevo familiar y esos padres, esas madres, se preocupan y me narran sus cuitas buscando no sé si consejo, desahogo o simplemente un rostro algo frailuno que murmura «sí sí, te entiendo... No no, eso no lo permitas, al loro...» Teniendo en cuenta mi nula experiencia en esto de educar críos, no entiendo muy bien el motivo por el cual me involucran. Pero entre que me hablen del perro o de sus retoños, prefiero esto último.

No hace mucho le propiné una severa tabarra al hijo de un colega máximo para prevenirle de los peligros del porro y de la ingesta destarifada de alcohol. «Hombre, puedes tomarte alguna copa, pero procura que no sea garrafón», le dije al chaval. Me pareció un buen consejo. Por si acaso rematé con una frase definitiva: «Y recuerda: nunca bebas más de lo que puedas vomitar». Me sentí un apóstol del buenismo. Varias madres me han expresado también, algo desesperadas, su lucha contra el consumismo feroz que ataca a sus niñas. «Le explico a mi hija que cuando sale por la tarde con sus amiguitas no hace falta que vuelva siempre con una compra, que no es necesario». Les exigen estas crías el chisme telefónico de último y carero modelo, pero sobre todo ropa por un tubo. Siguen a blogueras, a ‘it girls’, a papanatas que disertan sobre bolsos y tacones. Las escucho adoptando modales suaves mientras les radiografió con disimulo las curvas. Suelen estar en verdad buenas y potentes, estas madres de gimnasio y leches hidratantes. Cuando por fin descargan sus penas, les suelto a bocajarro: «¿Has probado darle una bofetada con la mano abierta, de las que humillan pero no duelen?» Pero me temo que así no ligaré en el sector de las madres...