Las Provincias

Trapos sucios

En un supremo arrebato de venganza una amiga llamó a Hacienda para chivarse de su exmarido antes de que Woody Allen utilizase ese giro en ‘Blue Jasmine’. Le organizaron una inspección de genuino tembleque. «No me lo podía creer, ¡si tenemos tres hijos en común!», me dijo más tarde ese hombre perseguido por el fisco. Hacienda somos todos y las infidelidades se pagan de muchas formas. Angélica jolie nos subyugó no sólo por su físico rotundo, con esos labios como de Jeanne Moreau sin nouvelle vague y esos ojos de fulgor selvático, sino por su lado de bellezón canalla que jugó fuerte en el lado salvaje de la vida picoteando sustancias ilegales y amores lésbicos. Hacía lo que le pedía el cuerpo, lo que le daba la gana, y su trangresión permanente de mujer pantera la convertía en irresistible. Luego se casó con el chico más guapo del instituto y empezó a coleccionar niños adoptivos y propios hasta crear un equipo de futbito con Brad Pitt de portero. Viajó para solidarizarse con la miseria del tercer mundo, participó en caridades globales y, en fin, se puso un tanto pelma porque las estrellas cuando se lo montan de samaritanas adoptan un aire de profeta que resulta cargante. Se diría que deseaba erradicar su pasado golfo practicando el bien sin fronteras de manera esporádica. Ante la ruptura, se supone que el reparto del dinero no será un problema por la cantidad y porque firmaron un acuerdo prenupcial, sin embargo parece que ha filtrado el lado porrero de Brad (marihuana) y unos prontos un tanto chungos. Que la antaño chica rebelde capaz de desafiar a los bienpensantes con su actitud nos salga ahora con esas fruslerías de canutos y cambios de humor nos indica que el mito se ha extinguido. Murió la gamberra de cadera díscola y resucitó una maripuri doméstica. Bueno, siempre nos quedará Ava Gadner.