Las Provincias

Sánchez en su laberinto

La sociedad española necesita de la corriente que representa el PSOE, de lo mejor de su trayectoria, para hallarse a sí misma. Pero tras las sucesivas pérdidas de apoyo electoral corresponde a los propios socialistas afrontar su futuro inmediato y dar con una versión renovada de la socialdemocracia sin contar con una excesiva comprensión o paciencia por parte de los ciudadanos. Todas las formaciones parlamentarias están solapando sus vicisitudes internas bajo el marasmo político general, sin percatarse de que la ciudadanía ve perfectamente la jugada. Pero el caso del PSOE es paradigmático, porque todos sus dirigentes sin excepción muestran deseos de cuadrar el círculo sugiriendo posturas o dibujando horizontes con los que su actuación nunca resulta coherente. Destaca, por su grado de responsabilidad, el funambulismo que viene practicando el secretario general socialista, Pedro Sánchez, cuyas urgencias tienen más que ver con los equilibrios internos en el partido que con la búsqueda de una alternativa de gobierno para el país. Pero no le van muy a la zaga quienes critican al líder del partido sin siquiera promover una alternativa que pudiera contar con el respaldo de la militancia ni correr riesgo personal alguno. El problema es que al ensayar sin declararlo un nuevo intento de alcanzar la Moncloa mediante una alianza simultánea con Podemos y Ciudadanos -alianza a todas luces imposible- Sánchez empuja a la formación que quiere seguir liderando a limitar su cohesión interna a un 'no' irreductible a Rajoy. El 'no' a Rajoy es la seña de identidad que invoca Pedro Sánchez cuando apela a los sentimientos de las bases socialistas. El banderín de enganche de una posible convocatoria de primarias para la secretaría general, y la puerta de acceso a un congreso que tendría lugar a hechos consumados. El error o la obstinación inicial consistió en dramatizar de tal manera una 'abstención técnica' para la investidura del candidato popular que el margen de maniobra socialista se ha quedado en nada. El mismo día en que Mariano Rajoy se mostraba más dispuesto que nunca a afrontar unas terceras elecciones aflora el calendario que estaría manejando el equipo de Sánchez para tratar de salir de un laberinto que, al mismo tiempo, insiste en tapiar mientras simula ir lanzado.