Las Provincias

El cansancio de lo nuevo

Pablo Iglesias no lo sabía pero ahora ya lo sabe o al menos empieza a intuirlo. Su fortaleza, el principal atractivo de su proyecto político y de asalto al poder, era a su vez su punto débil. Y es que el fulgor de lo nuevo es cada vez más efímero. El impulso que le hizo escalar muy rápido se agota y desaparece con la misma velocidad. O por decirlo acudiendo a esa especie de lugar común que han acuñado en Podemos, 'la gente' se cansa cada vez más rápido de todo, de modas y tendencias, de series, de productos, hasta de sus parejas, de los famosos y también, por supuesto, de los políticos, aunque se presenten como regeneradores del sistema. A fuerza de aparecer tanto en televisión y tras su irrupción arrolladora en las europeas de 2014, Iglesias y Podemos ya no suenan a nuevo, han perdido por completo esa ventaja competitiva que tenían sobre populares y socialistas, ya son uno más en el tablero, con sus virtudes y sus defectos, pero uno más. La discusión según unos o el enfrentamiento según otros entre Iglesias y Errejón es el típico episodio de lucha de poder y de posicionamiento ideológico en una formación clásica. Dentro de poco empezaremos a hablar de familias y de barones en el partido morado. Lo único es que en lugar de hacerlo a través de artículos en periódicos o de conferencias en un teatro o en un palacio de Congresos, dirimen sus diferencias en una red social, deprisa, deprisa, con 140 caracteres basta, así no hay que escribir tanto, no hay que argumentar, no hace falta desarrollar las ideas, basta con lanzar titulares, es todo más fácil, menos elaborado, más digerible para aquellos que dicen que leen mucho pero que en realidad no leen nada que supere esa medida, los simples y elementales 140 caracteres. Pero aparte del medio, el fondo es lo de siempre, moderados contra radicales, o el comunismo de toda la vida (el intervencionismo del Estado, el dirigismo económico, el control incluso de los medios de comunicación) contra la socialdemocracia. Iglesias insiste en que quiere dar miedo a los poderosos, a los corruptos, a los ladrones, pero el problema es que da miedo a las clases medias, a los que con un par de sueldos en casa son considerados millonarios según los peculiares parámetros que establece Podemos, a los profesionales liberales, a los funcionarios, a los que tienen una segunda vivienda, a los empresarios... El diagnóstico de Errejón es certero pero está condenado al fracaso. En una organización como Podemos donde el culto al líder es una de sus señas de identidad, la crítica es considerada un acto de deslealtad, casi de traición. Como en los partidos comunistas de toda la vida, con la diferencia de que en este caso el pulso al secretario general no acabará tan trágicamente como en la extinta URSS.