Las Provincias

Los agujeros de la Ley

Leo en las noticias de los últimos días que ha surgido una nueva modalidad delictiva, esta vez sin relación alguna con las nuevas tecnologías, que tantas puertas está abriendo en los últimos años a la estafa, el robo y delitos sexuales y de acoso. Aquí no hay nada virtual. Se trata de una forma de robar mediante la extorsión que se realiza a las bravas, a plena luz del día, y con el único requisito de forzar la puerta de acceso a una vivienda temporal o habitualmente deshabitada. Me explico. Usted, por ejemplo, tiene un piso en venta. Está vacío. Pues bien, un día uno o varios sujetos entran y cambian la cerradura. Cuando, alarmado, acude a ver lo que sucede, le dicen que ni hablar, que si quiere recuperarla debe pagar por ello; por ejemplo, 3.000 euros.

Supongo que el lector estará con la boca abierta, y se dirá que, ante tamaña desfachatez, el propietario habrá acudido de inmediato a la policía y presentada la correspondiente denuncia, y que más pronto que tarde esos usurpadores estarían de patitas en la calle y firmes ante el juez correspondiente. Pues sí, en efecto, el propietario acude a la Ley, pero ésta le dice que lo siente, pero que no puede hacer nada. O, para ser más exactos, que primero ha de comprobarse que esas personas están ocupando su casa de forma ilegal, lo que lleva un tiempo muy largo, muy parecido al que consume el desalojo de un inquilino que no paga el alquiler.

Porque la cuestión es esta: si los extorsionadores cambian la cerradura (cosa que hacen, después de reventar la de su vivienda), usted ya no puede entrar en su casa de forma legal. No puede llamar a tres amigos de gimnasio tipo armario y derribar la puerta y sacarles a patadas. Eso sería allanamiento de morada, sí. ¡de su propia casa! Así están las cosas, sobre todo, leo, en Cataluña, donde incluso hay gente que se ha encontrado ese panorama sólo después de haber dejado su vivienda unas semanas por vacaciones. ¿Se lo imaginan?

Así pues, junto al invento del 'secuestro exprés', ahora tenemos la 'ocupación de vivienda exprés'. Estos delincuentes no 'okupan', no forman parte de movimiento social alguno. Son bandas especializadas en esta forma creativa de expoliar aprovechando los agujeros de la ley. Saben perfectamente sus derechos legales, y la enorme lentitud de la justicia, así que, sin rubor, nos roban y se burlan de nosotros. Y lo que es peor: están en lo cierto, porque saben muy bien que a los legisladores les tomará un mundo revertir esta situación kafkiana. Es tan real la desprotección del propietario que han aparecido empresas especializadas que se encargan de expulsar a estos sujetos previa negociación de un dinero que, desde luego, sale del bolsillo del legítimo dueño de la vivienda. Del mal, el menor, no cabe duda. No me negarán ustedes que produce esto vergüenza ajena, de puro surrealismo y despropósito.