Las Provincias

Tómbola

Con la destitución de Ayestarán queda certificada la enésima 'chapuza' del proyecto deportivo de Lim, que ya ha pulverizado a cuatro entrenadores desde que se compró el Valencia para jugar al futbolín. El pasado 24 de mayo, pese a su poco bagaje en el fútbol de élite y pese a un más que discreto manejo del equipo para terminar la pasada temporada, Pako era el entrenador «perfecto» para sentarse en el banquillo del Valencia y quizá lo era porque iba a resultar difícil encontrar a otro dispuesto a transigir con la colección de despropósitos a los que, en materia deportiva, nos tienen acostumbrados estos señores y señoras tan ricos, tan listos y tan valencianistas. En un club normal quienes hace cuatro días hipotecaron el banquillo del Valencia para dos años tendrían que abandonar la entidad por la misma puerta que Pako pero el Valencia, lamentablemente, hace ya algún tiempo que dejó de ser un club normal, y al que más y al que menos no nos toca la camisa el cuerpo a la espera de un nuevo alumbramiento del amo. Porque todos deseamos que al banquillo llegue un entrenador solvente, curtido y contrastado. Un entrenador capaz de cargar en su espalda con el peso de un club deportivamente desnortado que necesita de gente con personalidad para dejar de ser la risa de la Liga, pero a estas alturas son pocos -somos pocos- los que confiamos en una decisión seria y no porque seamos mal pensados sino porque la ejecutoria que se ha instalado en el Valencia no invita a la confianza. Y poco nos extrañaría que la tómbola caprichosa nos enviase al 'perrito piloto', la 'muñeca chochona' u otro Gary con la 'L' en la espalda con prácticas pagadas en Valencia. Pako ya es historia en el Valencia. Su destitución la justifican sus números indefendibles pero Ayestarán no es sino un títere más de un teatrillo sin gracia ninguna. Siendo desastroso su paso por el banquillo y pobres sus explicaciones al marcharse, no es él -ni mucho menos- el máximo culpable de los males del Valencia. No es él quien ha ido empequeñeciendo a la entidad hasta el punto de que nos parezca normal que el Valencia tenga a su propietario ausente, a su presidenta a tiempo parcial, a un director deportivo errático y maleable sabedor que hay otro director deportivo que desde Portugal maneja los hilos y que nos parezca normal que el club se haya bunkerizado hasta alejarse alarmantemente del corazón de sus aficionados. Ahora no se les ocurra, esta noche, en Mestalla, protestar por nada. Ya saben que la presidenta se enfada si lo hacen y que su intención es educar a la afición. Educarles a ustedes que no tienen ni idea de nada para que den por buena cualquier ocurrencia que a ellos se les pase por la cabeza. Quiera Dios y quiera el Dios al que recen en Singapur que por bien del Valencia y por el suyo propio se dejen de una vez por todas de experimentos porque lo que tienen entre manos no es un futbolín.