Las Provincias

Segundos de a bordo

Más vale un general malo, de esos que no se rinden ni a la evidencia, que dos o tres buenos. Quien manda debe mandar, por lo menos hasta que no lo manden a hacer puñetas o a realizar otras cosas menos laboriosas. Hay que dejarle que dé órdenes o destituirlo, pero lo que no se puede hacer es obligarle a no hacer nada. Asistimos, por fortuna a distancia, al amortiguado duelo entre Íñigo Errejón y su jefe natural, Pablo Iglesias, cada vez más desnaturalizado en su legítimo orgullo fundacional. Discrepan en la táctica, no en la finalidad del combate. Uno prefiere «dar miedo a los ricos» y otro opta por captar apoyos entre los que confían en dejar de ser pobres si siguen el manual de instrucciones. Los dos son jóvenes y tienen sus seguidores, ya que una de las características de nuestro tiempo es que hasta los lobos solitarios van en manada.

Se acabaron los líderes que iban por el monte solos. Corren el riesgo, si vuelven la vista atrás, de comprobar que no les sigue nadie o que han perdido seguidores, como le ha sucedido a Iglesias cuando se alió con oscuros compañeros de viaje. Lo que más echa de menos el pueblo, que por cierto somos todos, es la trasparencia, y eso no llegará hasta que no lleguen esas nuevas elecciones que nadie desea que lleguen. Hasta entonces, lo que debemos hacer todos, según el consejo del Rey, es ser generosos y solidarios con los refugiados, cosa siempre mejor que darle con la puerta en las narices. En el choque, a veces la peor parte es la de las puertas y está entrando por ellas el otoño. Como siempre, reparte prospectos amarillos por las aceras, en forma de hojas secas.

La llamada madre naturaleza sigue siendo neutral y el dios de la lluvia hace tiempo que no comparece frente a mi ventana, que es la última a la que podré asomarme. ¿Hay otoño en el mar? ¿Discuten los peces gordos con los chicos? Todo parece recién estrenado, después de tantas representaciones. Alguien me pregunta si me he dado cuenta del glorioso día que hace. Le digo que sí, por la cuenta que me tiene, que es corta. ó